Criptorquidia: Cuando los testículos no descienden

La criptorquidia o mal descenso testicular, es una patología que se define como la falla en la bajada de las gónadas hacia la bolsa escrotal en los niños.

Por Clinica Alemana jun. 2, 2021, 18:18

La criptorquidia o mal descenso testicular, es una patología que se define como la falla en la bajada de las gónadas hacia la bolsa escrotal en los niños.

 

“Los testículos se forman en el periodo embrionario inmediatamente al lado de los riñones. En la medida que trascurre el embarazo, van descendiendo progresivamente, hasta que en el último trimestre bajan a bolsas escrotales respectivas”, explica el doctor Jorge Rodríguez, urólogo infantil de Clínica Alemana.

La falla o el mal descenso testicular ocurre hasta en un 3 % de los niños que nacen de término y hasta el 30% de los prematuros. En su primer año de vida pueden aun descender al escroto espontáneamente, pero en un porcentaje mínimo.

¿Cómo se detecta?

Lo más habitual es que la detención del descenso se produzca en región inguinal. No obstante, hay un porcentaje de criptorquidias que pueden estar dentro de la cavidad abdominal.

En los primeros días de vida, el neonatólogo constata la falta de descenso testicular, uni o bilateralmente. Hecho que es corroborado por el cirujano o urólogo pediatra especialistas en el tema. Los padres, por su parte, tambien pueden observar y constatar bolsas escrotales vacías.

Tratamiento para la criptorquidia

En algunos casos, como se señaló con anterioridad, el o los testículos logran descender durante el primer año de vida, sin necesidad de recurrir a un tratamiento. No obstante, la gran mayoría de los niños afectados deberán ser sometidos a cirugía de descenso testicular, denominada orquidopexia, procedimiento quirúrgico cuyo objetivo es reubicar al o los testículos en su posición correcta en el escroto.

“La mayoría de las veces se hace una incisión inguinal para liberar al testículo de los tejidos que lo mantienen alto. Luego con otra pequeña incisión se fija la gónada en bolsillo escrotal”, dice el experto.

Después de la operación, la herida cicatriza al cabo de una semana y ya a las dos semanas se puede reincorporar el niño a actividades normales ya sea en sala cuna, jardín infantil o colegio. Es necesario hacer un seguimiento al paciente en controles por los primeros seis a 12 meses para evaluar el desarrollo gonadal.

“A través de los años de investigación, la edad de cirugía se ha ido bajando. En la actualidad, se sabe que el daño de las células germinativas del testículo, que producirán los futuros espermios, se produce ya desde los nueve meses de vida. Por esto, la edad actual de inicio para la cirugia es desde los seis meses de edad y todos los niños con criptorquidia deberían estar operados como máximo al primer año”, comenta el doctor Rodríguez.

El daño está asociado fundamentalmente a la mayor temperatura a la que está sometido el testículo en regiones altas, fuera del escroto.

Testículo ascensor o retráctil

Existe otra condición, diferente a la criptorquidia, que en mínimos casos podrá requerir cirugía, es el llamado testículo retráctil o en ascensor. Consiste en el ascenso del testículo fuera de las bolsas escrotales, por efecto de un reflejo neuromuscular normal en los niños, llamado reflejo cremasteriano, por acción de un músculo que envuelve la gónada, y que actúa ascendiendo transitoriamente a esta, como mecanismo protector frente al trauma o cambios de temperatura.

“En algunos casos, en la minoría, este reflejo puede ser muy exagerado o coexistir un remanente embrionario, denominado conducto peritoneovaginal, que hace que la gonada en el crecimiento del niño se quede alta y no descienda al escroto, o que se quede de menor tamaño en forma significativa. Ambas condiciones hacen cambiar la conducta del manejo de observación, por cirugía debiéndose descender y fijar el testículo en forma definitiva”, agrega.

Consecuencias

Cuando la criptorquidia no se corrige, puede traer consigo una serie de riesgos para el niño, entre las que el especialista destaca:

  • El testículo afectado tendrá un desarrollo inadecuado y ciertos grados de atrofia.
    Las células germinales se dañarán y, por ende, ese testículo podrá dar problemas de fertilidad.
  • Aumenta el riesgo de exposición a traumatismos y torsion de la gónada.
  • El testículo mal ubicado tendrá mayor incidencia de degenerar hacia un tumor maligno en edad de adulto joven.