Rescate

(+56) 22910 9911

Mesa Central

(+56) 22210 1111

Alcohol: Cuánto podemos o debemos tomar?

Alcohol: Cuánto podemos o debemos tomar?

20/07/2009
4 min lectura

Compartir en:

Aunque no se sabe exactamente cuándo se usó por primera vez, es probable que el alcohol sea la droga más antigua y utilizada del mundo. Su ingesta tiene profundas raíces históricas y está asociada a las más importantes celebraciones de la vida pública y privada. Es más, una obra pintada en una tumba egipcia de hace 3.400 años, muestra el proceso de ensamblaje de cepas de vino, lo que indica su elaboración y refinamiento.

Los grandes sabios de la antigüedad describieron diversos efectos del alcohol y sus aplicaciones en medicina. Es así como a lo largo de los tiempos, se le han atribuido capacidades desinfectantes, analgésicas, anestésicas, sedantes, euforizantes, desinhibitorias y erógenas. Lamentablemente, también se ha demostrado que el consumo excesivo puede tener múltiples y nefastos efectos en el organismo. Por eso es tan importante saber cuál es el límite.

En una charla realizada en Clínica Alemana, el doctor Juan Carlos Glasinovic, gastroenterólogo de esta institución, se refirió a los efectos tanto positivos como negativos del consumo de alcohol, principalmente al daño hepático producto del consumo excesivo.

Efectos negativos del alcohol
La ingesta de bebidas alcohólicas puede tener diversas consecuencias. Existe evidencia de que, incluso el consumo moderado puede influir en el desarrollo de ciertos cánceres (especialmente de mama) y, en el caso de las embarazadas, puede producir daño fetal.

Como el alcohol es un depresor del sistema nervioso central, su ingesta excesiva puede generar efectos inmediatos como disminución de los reflejos, dificultades para caminar (ataxia) y mareos, además de náuseas, deshidratación y resaca al otro día. A todo esto se suma, una mayor probabilidad de sufrir accidentes por conducir bajo estado de ebriedad.

En Chile, la ley permite niveles de alcoholemia inferiores a 0.50 gr/lt, valor que se sobrepasa con tres copas de cualquier bebida alcohólica. Incluso, estando los niveles de alcoholemia bajo 0.5 gr/lt, Carabineros puede cursar una infracción por manejar en condiciones físicas deficientes.

Por último, cuando el consumo es habitual, produce dependencia (alcoholismo) y daño hepático crónico o cirrosis.

Riesgo de daño hepático crónico
Puesto que en gran parte del mundo existe un consumo habitual y generalizado de bebidas alcohólicas, es importante preguntarse, ¿cuánto alcohol se puede beber sin riesgo de dañar el hígado?

De acuerdo con el doctor Glasinovic, se ha establecido que, en el caso de los hombres, el límite es entre 60 y 80 gramos diario (en promedio una copa equivale a 22 gramos de alcohol). En cambio, para las mujeres, lo máximo debe ser entre 20 y 30 gramos. Es decir, las mujeres tienen una susceptibilidad a tener daño hepático por alcohol tres veces superior a la de los hombres.

Esta diferencia de umbral tóxico, a corto y a largo plazo, depende de varios factores. Al ser más pequeña y con menor contenido graso, la mujer tiene un menor espacio para la distribución del alcohol. A esto se suma el hecho de que en ella, es menos activa la enzima alcohol dehidrogenasa gástrica (primera barrera de transformación metabólica del alcohol). Además, en la mujer es frecuente la coexistencia de anemia por pérdida menstrual de fierro, lo que facilita el daño hepático. Por último, está la influencia de las hormonas sexuales femeninas. 'Todo esto se traduce en mayores efectos cerebrales agudos y más susceptibilidad a daño hepático crónico en la mujer', agrega el especialista.

Además del sexo, hay otros elementos que facilitan al desarrollo de la enfermedad hepática por alcohol, como la genética, el uso de drogas, la obesidad, las infecciones virales y la dieta, entre otros. 'Por lo tanto, no sólo importa la cantidad de alcohol sino también la coexistencia con estos factores', afirma.

En cuanto al factor genético, el especialista explica que hay numeroso genes ubicados en distintos cromosomas relacionados con diversos aspectos (procesos metabólicos, balance de la función cerebral, gusto por el alcohol y recompensa de la ingesta etílica). Algunos tienden a favorecer la predisposición y otros son protectores. Sin embargo, aún no hay una aplicación práctica de esta información que permita determinar el riesgo particular de un paciente y el beneficio que se podría obtener de la modificación de ciertos hábitos.

El estilo de vida y la dieta también tienen importancia. El efecto protector del café ha sido comprobado por numerosos trabajos, como el publicado en 2005 en la revista Gastroenterology, que sostiene que los que beben dos o más tazas de té o café tienen la mitad de eventos ligados a daño hepático, comparado con los que beben menos de una taza.

También es pertinente preguntarse si el tipo de bebidas alcohólicas que se consume influye en la producción del daño hepático crónico. Al respecto, el doctor Glasinovic afirma que 'si bien está demostrado que la ingesta alta de cualquier tipo de bebida alcohólica incide en un alto riesgo de cirrosis, se ha visto que los bebedores de vino tienen un riesgo menor, con igual cantidad de alcohol, dado que este producto tiene otros componentes que protegen al hígado'.

Efectos benéficos del consumo moderado
Como se explicó anteriormente, la ingesta moderada de vino puede tener un efecto hepato-protector. Asimismo, se ha visto que esta bebida tiene beneficios a nivel cardiovascular. Un ejemplo es la llamada Paradoja francesa, que muestra que a pesar de que en Estados Unidos y Francia existe la misma ingesta de grasas e iguales niveles de sedentarismo, este último país tiene la mitad de la mortalidad por enfermedad coronaria.

Esto podría atribuirse a la mayor ingesta de alcohol por parte de los franceses. 'Estudios de todo el mundo indican que el consumo alcohólico en cantidad pequeña o moderada disminuye el riesgo de morir de enfermedad coronaria en casi un tercio. Algunas investigaciones señalan al vino tinto como particularmente protector de esta patología', afirma el especialista. Los procesos metabólicos en los que se ha estudiado esta acción son variados. El efecto más comprobado es el aumento del colesterol bueno (HDL), cuya función es remover y transportar el colesterol malo (LDL) desde la pared vascular.

También está establecido -agrega el gastroenterólogo- que el consumo moderado disminuye el riesgo de problemas cerebrales isquémicos y cálculos a la vesícula. Otros posibles efectos benéficos se relacionan con la disminución del riesgo de diabetes y de enfermedad vascular periférica.

'El alcohol es una entidad multifacética. Puede ser un lubricante social, el sofisticado acompañante de una cena, un benefactor cardiovascular o también un poderoso agente destructor. Por eso, más que recomendar o restringir su uso, se debe modular su consumo, teniendo presente no sólo las variables biológicas, sino también todas aquéllas ligadas al estilo de vida', concluye el doctor Glasinovic.

Unidad de Gastroenterología
Teléfono: 210 1051