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El hijo del medio

El hijo del medio

11/02/2003
3 min lectura

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Pedro era un niño absolutamente normal. Alegre y juguetón. La sombra de su hermano mayor, a quien le seguía los pasos en todas las aventuras. Nunca había sentido ninguna diferencia, y hasta los seis años, era un pequeño despierto y bastante seguro de sí mismo. Eso hasta que nació su hermano menor. Al poco tiempo, y dándose cuenta de la atención que absorbía este nuevo miembro de la familia, Pedro comenzó a retraerse.

El niño, reaccionó de manera notoria ante la presencia de su hermano pequeño. Comenzó a tener problemas en el colegio por falta de atención. Y en la casa, se puso peleador, distraído y celoso de sus hermanos. Empezó a sentirse solo, y buscó compañía incluso en amigos imaginarios. Con el tiempo, Pedro dejó de ser tan alegre como antes y se convirtió en un niño reservado y bastante melancólico.

Pedro no existe en la vida real. Pero las características de este niño descrito en los párrafos anteriores, es bastante común. Se presenta en familias en las que, tras los cuidados que requieren los menores de la casa, la madre presta mayor tiempo y atención a este último, dejando un poco de lado al hijo que se encuentra en el medio.

Cabe destacar, que estas características no se presentan en todas las familias, ya que hay composiciones que favorecen su presencia. Va a depender de las edades de los hermanos, de los padres, del sexo de los hijos, de cómo sus progenitores lo acogen, de quién lo cuida, de la relación con sus pares, etcétera.

Las características del hijo del medio son mucho más difícil de generalizar. Su personalidad puede ser afectada por el primogénito, y por lo general es opuesta a la de éste. Típicamente, el hijo del medio encuentra reconocimiento y aceptación fuera de su propia familia. Puede aparecer la competencia. Dentro del orden de nacimiento, el hijo del medio es conocido como el más reservado. También tiende a asociarse con malas compañías, a ser propenso a la vergüenza, y ser el último en buscar ayuda dentro de la familia.

El rol del resto de la familia es fundamental a la hora de enfrentarse a un niño que presenta estas características. La tarea de los padres es instarlo a participar en las decisiones del hogar. Pedirle su opinión y destacar sus logros va a servir para que se sienta tan querido y único como el resto de sus hermanos. Un ejercicio tan fácil como darle a elegir el lugar para sentarse en el auto, puede importar mucho en estos niños.

Entre dos amores

De acuerdo a la constitución de cada familia, hay tareas y rasgos que adquieren sus integrantes y que los diferencian los unos de los otros. Los hijos mayores son responsables, meticulosos, sobre-exigidos y autoexigentes. Cada uno de sus logros es ampliamente celebrado y comentado. Y en general están bastante a cargo de 'los más chicos' de la casa.

En cambio los menores son queridos por ser lo que son: 'benjamines'. Es decir, lo regalonean y no le exigen tanto. Sus gracias son celebradas dentro y fuera de la casa y son, de manera consciente o inconsciente, el centro de atención de sus padres, tíos y abuelos.

¿Y el del medio?

Esa es la pregunta que se hace el hijo del medio cuando ve que los roles de sus hermanos están tan definidos y no tiene claro cuál es el suyo. El apoyo que debe recibir de los padres en ese momento es fundamental. Generalmente el hijo del medio crece y es más libre e independiente que el resto de sus hermanos, pero jamás debe sentir que esa independencia se debe a una falta de interés en sus asuntos.

Este es el factor determinante. Unos padres con mayor capacidad de acogida, tendrán hijos con menor sensación de haber sido desplazados. En otras palabras, el número de hijos no es determinante, sino el cómo se los acoge, se los tolera y se los acepta. El niño del medio se define por el grado de capacidad de los padres de aceptar e incentivar los talentos particulares de sus hijos. Eso implica ser capaz de conocer a cada uno, diferenciarlos y nunca compararlos.

Cada niño tiene sus cualidades y eso es lo que es importante destacar desde la primera infancia para no caer en patologías que puedan derivar más tarde, durante la adolescencia, en problemas psicológicos más graves, que deberán ser tratados por especialistas. El trabajo inicial se hace en casa y para eso, cada integrante de la familia es fundamental, y el rol y lugar de cualquiera de los hijos, debe ser único e irrepetible.

*Con la ayuda de Loreto Focacci, Psicóloga de Clínica Alemana.