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Estrés académico: Una prueba difícil de pasar

Estrés académico: Una prueba difícil de pasar

10/02/2003
2 min lectura

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Ya comenzó la cuenta regresiva, se acercan los exámenes finales y muchos intentan recuperar el tiempo perdido, esforzándose por remontar las bajas calificaciones y lograr que la última fila del libro de clases no tenga espacios en rojo.

En esta carrera por llegar a la meta, muchos niños y adolescentes terminan siendo víctimas de un mal propio de nuestros tiempos: el estrés.

Este fenómeno es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción, es decir, es una respuesta a demandas internas o externas.

Frente a las presiones propias de fin de año, muchos estudiantes comienzan a angustiarse, no duermen bien y tienen problemas de concentración, lo que suele afectarlos negativamente y en vez de mejorar su rendimiento, terminan el año con malos resultados tanto en lo académico como en lo anímico y a veces hasta con problemas a nivel orgánico.

Osvaldo Aravena, psicólogo de la Unidad de Atención Integral del Adolescente (UAIA) de Clínica Alemana, explica que 'hay algunos niños que frente a una excesiva presión escolar y familiar, colapsan y llegan incluso a desarrollar cuadros más graves como trastornos de ánimo (depresión) o trastornos de ansiedad. Esto se debe, muchas veces, a situaciones de estrés que no se han sabido llevar durante el año'.

De acuerdo con el profesional, la mayoría de los casos de estrés académico que se atiende es de escolares que están angustiados porque tienen miedo a repetir de curso o, incluso, a no cumplir las expectativas de los padres o profesores, como tener un promedio sobre 6: 'Estas situaciones son más frecuentes en cursos que presentan mayor dificultad como séptimo, tercero medio y cuarto medio'.

Tarea para los papás

Si bien el colegio cumple un rol fundamental en el manejo de los niveles de exigencia que pueden gatillar estrés en el alumno, los padres también tienen un importante papel.

'El grado de estrés académico va a depender mucho de cómo los papás manejen el tema. Su conducta puede agregarle o restarle estrés al escolar; si le sobreexigen, le están dando un estrés adicional al que ya tienen por parte del colegio', explica Aravena.

Es por eso que cuando se trata a adolescentes y a niños con problemas de estrés, es fundamental que el psicólogo o psiquiatra hable también con los padres, porque habitualmente el problema no es sólo de los hijos, sino que responde a una dinámica familiar.

'Lo ideal es que la familia se revise y vea qué aspectos de este año se deberían cambiar para no repetir la misma pauta el próximo. De lo contrario, siempre en estas fechas la dinámica familiar se va a desarrollar en un ambiente desagradable, donde todas las relaciones se centran en el rendimiento, dejando de lado otros aspectos importantes que también son parte de la vida, como el área valórica y el crecimiento como persona'.

A juicio del profesional lo más importante es conservar el juicio de realidad: 'Hay que tener claro que a nadie se le va la vida porque los resultados académicos no fueron lo que se esperaba.

Si a alguien le va mal en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) o si alguien llega a fin de año con un promedio bajo seis o incluso si repite, no significa un cambio radical en su vida. En esto los padres juegan un rol fundamental, ya que son los principales referentes que tienen los hijos para aprender a manejar elementos como el estrés y la frustración'.

CÓMO PREVENIR

Para evitar los efectos nocivos y la baja de defensas consecuencia del estrés, los especialistas entregan diversos consejos:

  • Dieta equilibrada: alimentos ricos en vitamina B (vegetales verde oscuros como el brócoli, acelgas y espinacas. También cereales y leguminosas).
  • Evitar el alcohol, café y bebidas cola.
  • Practicar algún deporte.
  • Realizar actividades extraprogramáticas.
  • Mejorar la distribución del tiempo, con momentos para el ocio o el entretenimiento y otros para estudiar.
  • Estudiar en las mañanas, porque es cuando se está más despejado y se asimilan mejor las cosas.
  • Hacer un alto cada 90 minutos y caminar, abrir las ventanas y despejar el ambiente.
  • Dormir bastante.