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Penicilina: Un antiguo descubrimiento que sigue vigente

Penicilina: Un antiguo descubrimiento que sigue vigente

03/02/2003
2 min lectura

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Cuando Alexander Fleming descubrió la penicilina, jamás imaginó que 75 años después este compuesto, junto a sus derivados, continuaría siendo uno de los antibióticos más usados. De acuerdo con el doctor Jorge Pérez, infectólogo de Clínica Alemana, 'actualmente la penicilina sigue siendo uno de los principales antibióticos y uno de los de mayor uso en el manejo de pacientes ambulatorios'.

Alexander Fleming

Como muchas de las cosas importantes que suceden en la historia, este hallazgo fue producto de un accidente un día de septiembre de 1928. El científico escocés volvía de sus vacaciones y observó que en un plato donde cultivaba bacterias se había desarrollado un hongo que tenía efectos mortíferos sobre los gérmenes infecciosos. Éste fue el inicio del primer antibiótico, la penicilina, que salvaría la vida de millones de personas a partir de la II Guerra Mundial.

'La penicilina es actualmente un antibiótico muy vigente, de hecho, aún sigue siendo la primera elección para tratar una serie de infecciones como las estreptocócicas, entre las que se encuentran la faringoamigdalitis, erisipela y la fasceitis necrotizante, más conocida como la bacteria asesina. Con este antibiótico también se trata la sífilis en todas sus formas de presentación y las infecciones de las válvulas del corazón llamadas endocarditis. En las infecciones respiratorias también ocupa un lugar importante, como la sinusitis y la otitis', explica el doctor Pérez.

Su evolución y otros usos

En la época en que se creó la penicilina uno de los principales problemas eran las infecciones estafilocócicas, causa frecuente de muerte puerperal en las embarazadas. Pero a los pocos años, el estafilococo se hizo resistente a la penicilina, porque empezó a crear enzimas para destruirla, las betalactamasas.

Debido a esto, se crearon penicilinas resistentes a la betalactamasa como la cloxacilina, y en las últimas décadas se han elaborado inhibidores de estas enzimas, los cuales unidos a la penicilina permiten tratar este tipo de infecciones.

Con el tiempo ha surgido también una serie de fármacos derivados de la penicilina que amplían el espectro de acción a otros microorganismos. Los más conocidos son la ampicilina y amoxicilina (aminopenicilinos), que se usan principalmente en infecciones respiratorias, como bronquitis y neumonías, especialmente en niños. Otros derivados son las ureidopenicilinas (piperacilina) y la carboxipenicilinas (ticarcilina) que amplían el espectro hacia bacterias que son tradicionalmente muy resistentes, por ejemplo, las pseudomonas.

Todos estos derivados de la penicilina, tras su modificación química, se usan asociadas a inhibidores de betalactamasa y son usados para infecciones más graves, como las intrahospitalarias y/o polimicobianas.

En cuanto a los efectos secundarios de la penicilina, el doctor Pérez explica que éstos son muy pocos: 'Uno de los más frecuentes es la hipersensibilidad o la alergia a este medicamento, que afecta a entre un 4 y 10% de los pacientes, pero se estima que las reacciones graves se dan en un caso cada 7.000 a 25.000. También puede causar nefritis intersticial, diarrea y, a dosis altas, es posible que provoque convulsiones, pero estos efectos son poco significativos, ya que es un antibiótico con un alto margen de seguridad, porque actúa en estructuras de las bacterias que no están presentes en la célula humana'.

Salvo el antecedente de alergia a la penicilina, no existe prácticamente ninguna otra contraindicación para ser tratado con este antibiótico: se puede usar a cualquier edad y en enfermos crónicos de todo tipo, como diabéticos, hipertensos o con insuficiencia renal.

De esta forma el descubrimiento de Fleming ha salvado vidas por más de siete décadas y ha abierto una nueva área de desarrollo que dio un giro a la historia de la medicina.