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Una pareja de temer

La vinchuca y el mal de Chagas, Primera parte:

Una pareja de temer

27/01/2003
2 min lectura

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Científicamente se le conoce como Triatoma Infestans. En jerga habitual se le llama vinchuca. En lengua quechua, el nombre de este insecto significa 'dejarse caer', ya que de esta forma ataca a los seres humanos, arrojándose desde los techos de las casas en busca de su alimento. Su comida es la sangre de sus víctimas, la que obtiene picándolas generalmente en los lugares más blandos del cuerpo. Es el transmisor más importante del mal de Chagas, que está presente en alrededor de 25 millones de latinoamericanos y como si fuera poco, en Chile hay tres especies diferentes.

La vinchuca, conocida desde 1852, encuentra su hábitat natural en los ambientes domésticos de las zonas rurales del país. Geográficamente, su presencia se reparte desde la I hasta la VI Región, abarcando a las tres cuartas partes de la población de Chile. Aunque las estadísticas muestran que el riesgo de ser picado se concentra en la II y III Región, según cifras del Servicio de Salud Metropolitano del Medio Ambiente, alrededor de medio millón de personas están expuestas a su accionar.

De acuerdo a la doctora María Alejandra Marcotti, infectóloga de Clínica Alemana 'las estadísticas que se manejan demuestran que el mal de Chagas es un problema grave a nivel latinoamericano y también en nuestro país. Esta situación se complica además porque la población no tiene un conocimiento acabado sobre qué es esta enfermedad, cuáles son sus secuelas y cómo se puede prevenir su contagio a través de su principal transmisor que es la vinchuca'.

Esta pequeña y amenazante criatura es hematófaga estricta. Es decir, se alimenta solamente con la sangre fresca de animales vertebrados y de seres humanos. Su proceso de alimentación consiste en la succión de este fluido gracias a un aparato bucal picador-chupador, especializado en esta labor. Es a través de este proceso que el insecto transmite el parásito Tripanosoma Cruzi, agente causal de la enfermedad de Chagas.

Como el mejor círculo vicioso, el parásito se reproduce en diversos seres vivos, incluyendo animales domésticos, transmitiéndose de un huésped a otro por insectos hematófagos portadores de la enfermedad. Hasta donde se sabe, tanto las ninfas, vinchucas en estado de inmadurez, como los ejemplares adultos adquieren el parásito cuando pican y se alimentan de la sangre de personas o animales infectados. Entonces y con asombrosa rapidez, el protozoo tiende a multiplicarse en el tracto digestivo del insecto. Apenas concluye el proceso de ingerir su comida, la vinchuca defeca prácticamente encima de la herida que produjo la picadura. El afectado siente una molestia natural en la zona de la lesión y se rasca, introduciendo las fecas infestadas de parásitos al torrente sanguíneo. Desde ese momento, la persona se ha convertido en una nueva víctima.

El mal de Chagas

En 1909, el investigador brasilero Carlos Chagas descubrió un parásito que denominó Tripanosoma Cruzi, en honor a su maestro, el médico Oswaldo Cruz, director de un instituto sanitario de Río de Janeiro. El mérito del hallazgo fue relacionar una extraña enfermedad que se desarrollaba en los seres humanos, con el protozoo detectado en el intestino y en las fecas de ciertos insectos. La investigación arrojó que el parásito era el mismo. Desde entonces, la enfermedad se pasó a llamar mal de Chagas. Con el tiempo, pudo determinarse que en su desarrollo se pueden distinguir al menos tres fases: aguda, indeterminada o de latencia y crónica.

Mañana no se pierda la segunda parte de este interesante artículo sobre el Mal de Chagas.