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Adiós a ese indeseable lunar

Adiós a ese indeseable lunar

05/02/2006
2 min lectura

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Grandes, planos, cafés, negros, redondos o con bordes irregulares... Son múltiples las formas en que puede presentarse un lunar o nevo, término dermatológico con que se denomina a estas lesiones ubicadas en la piel, las que en algunos casos representan una característica familiar, un signo distintivo que se transmite de generación en generación.

Ya sean de nacimiento o adquiridos, todas las personas tienen más de un lunar en su cuerpo. El problema surge cuando su aspecto es poco estético o están ubicados en una zona expuesta al roce, ya que incomodan.

La doctora Bernardita Lorca, dermatóloga de Clínica Alemana, explica que 'en ocasiones hay lunares y pequeños tumores benignos (lesiones solevantadas color piel) que no se justifica extraer desde el punto de vista médico, pero que afectan la autoestima del paciente, quien siente que la única forma de acabar con el complejo es eliminándolos'.

Sin embargo, hay casos en que la decisión de extirpar es netamente médica. Esto sucede cuando se trata de lesiones atípicas o sospechosas de malignidad, ya que podría tratarse de un melanoma maligno, que es la forma más agresiva de cáncer de piel.

La doctora Lorca destaca que 'los lunares que están presentes desde el nacimiento (nevos pigmentados congénitos) requieren una mayor vigilancia, dado que podrían malignizarse a lo largo de la vida. Por eso deben controlarse periódicamente'.

¿Cómo se realiza la extirpación de un lunar?

Ya sea por motivos de salud o simplemente estéticos, la extirpación de un lunar es un procedimiento que se realiza generalmente en forma quirúrgica, a través de una cirugía menor.

'A menos que se sepa con certeza que se trata de una lesión benigna, no es recomendable destruirlos con nitrógeno líquido, electrocoagulación o láser, dado que la cirugía es la única técnica que permite realizar una biopsia para analizar este tejido, procedimiento que siempre es importante efectuar', afirma.

La extirpación de un lunar es una intervención quirúrgica ambulatoria habitualmente sencilla que, en la mayoría de los casos, sólo requiere de anestesia local. Sin embargo, hay ocasiones en que es preferible utilizar sedación, como por ejemplo cuando el área comprometida es extensa o el paciente es muy pequeño o no colabora.

'Se trata de un procedimiento prácticamente indoloro; la única molestia es el pinchazo de la anestesia local, ya que luego la zona se 'duerme' y se hace insensible', asegura la especialista. Y agrega que antes de someterse a una intervención de este tipo, es importante informar al médico si se está consumiendo algún medicamento y si se padece de un tipo de alergia.

Luego de la cirugía, la persona debe seguir las indicaciones médicas según cada caso. En cuanto a la necesidad de reposo, ésta dependerá de la magnitud y localización del tejido comprometido.

Un tema que suele preocupar a quienes se someten a este tipo de procedimientos por motivos cosméticos, es que el lunar sea reemplazado por una cicatriz más antiestética. Aunque la mayoría de las veces esto no ocurre, hay personas que tienen tendencia a desarrollar cicatrices hipertróficas o queloides, y en aquellos casos se utilizan métodos de compresión, como la aplicación de láminas de silicona, para evitar que esto suceda.