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¡Inesperadamente mamá!

¡Inesperadamente mamá!

10/05/2012
2 min lectura

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Antonia, Daniela y Carmencita, de 23, 30 y 49 respectivamente, tienen vidas muy diferentes. La primera estudia en la universidad, la segunda está recién casada y la tercera es dueña de casa. Sin embargo, las tres tienen algo en común: fueron mamás inesperadamente.

“¡Cuando supe que estaba embarazada casi me da un infarto! Mis tres hijos ya eran grandes, en la universidad y esa etapa estaba cerradísima para mí. Claro que nos cambió la vida, pero también fue una alegría inmensa para la familia”, cuenta Carmencita emocionada, 9 años después de ocurrido.

La psicóloga de Clínica Alemana Solange Anuch, explica que la principal diferencia entre un embarazo planificado y otro que no lo ha sido es la adaptación psicológica de la mujer, la pareja y la familia al gran cambio que significa esta nueva vida.

Antonia, por ejemplo, sintió que el mundo se le venía encima. “Tenía muchos sueños y proyectos, personales y profesionales, que no contemplaban la llegada de un hijo. En un primer momento, creí que no sería capaz de compatibilizar la maternidad con los otros roles de mi vida”, cuenta.

Para la especialista, las diferencias se acentúan cuando esta sorpresa la tiene una mujer que debuta como mamá, en una etapa de búsqueda y transición hacia la consolidación de su propia identidad. “Los embarazos no planificados en adolescentes ponen a prueba los recursos de una personalidad en desarrollo, por lo que resulta imperativo el apoyo psicosocial de la familia y la comunidad para vivir esta etapa mentalmente sana y preparada para la maternidad”, explica.

Una mujer casada, madura y estable, en cambio, vive una situación completamente distinta desde el punto de vista social y psicológico, ya que en algún lugar de su mente tiene la idea de que en algún momento construirá una familia y tendrá hijos, además de tener una situación educacional y laboral, probablemente, más definida para dar soporte y contención al nuevo hijo. Algo así le pasó a Daniela, que cuando estaba recién casada, sin planes de tener hijos todavía, quedó embarazada. “Sentí miedo de lo que venía. No estaba en nuestros planes todavía, era algo que veía muy lejano, porque primero quería adaptarme a la vida en pareja y todo lo que eso conlleva, estar sólidos y después pensar en niños. Pero la naturaleza es sabia y durante los nueve meses de embarazo tuve tiempo de desarrollar el instinto maternal y prepararme para lo que venía. ¡Sin duda, creo que es la mejor experiencia de la vida!

¿Cuáles son los principales temores?
Para Solange Anuch, provienen de una serie de cuestionamientos como la propia capacidad para criar un hijo, la solvencia económica y contar con el apoyo de la familia y del entorno.

En el caso de una mamá joven, los temores están relacionados con la aceptación del grupo, los cambios corporales, la solvencia económica, poder seguir estudiando, tener que renunciar a la libertad, integrar la maternidad y el concepto de hijo -ya que la adolescente se siente más hija que madre- y tener la capacidad para ejercer la crianza y formación de valores.


Para una mujer casada o mayor, los miedos están relacionados con tener el apoyo y aceptación de la pareja y la integración del nuevo hijo al grupo de hermanos que implica la reestructuración y flexibilización de hábitos y rutinas de familia para integrar un nuevo hijo al sistema por muchos años ya constituido. También la resistencia biológica para el buen curso del embarazo, los cambios laborales (dar la noticia en el trabajo) y renunciar a las libertades alcanzadas.


En cuanto a la relación de pareja, la calidad de la relación, el amor, la confianza del uno en el otro, la lealtad y el apoyo brindado a lo largo del camino recorrido juntos, son factores determinantes ante escenarios no planificados. “Esta situación no esperada, básicamente, sitúa a la pareja en una nueva definición como padres a partir de la experiencia compartida y de la maduración alcanzada y, muchas veces, demanda una reorganización de los proyectos y del estilo de vida”, enfatiza.

Para la psicóloga, es importante tener en cuenta que la condición natural de la mujer es la maternidad, su cuerpo y mente están biológicamente preparados para eso. “La incertidumbre que genera la sorpresa, los esquemas, hábitos y prejuicios, la mayoría de las veces ceden ante la presencia de esta nueva vida, la que de a poco inunda a la mamá de alegría, al sentir apoyo y complicidad de su entorno”, concluye.