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La verdad sobre la marihuana

La verdad sobre la marihuana

08/09/2012
4 min lectura

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Por décadas, se consideró a la marihuana como una droga blanda, ya que se suponía que no tenía riesgo de ser adictiva. En la actualidad, sin embargo, se sabe que el nivel de adicción en los adolescentes es de alrededor de 25%, cifra que puede duplicarse si el consumo es diario. Además, esta droga produce daños para la salud física y mental, los que muchas veces son subvalorados.

 

Esta planta, cuyo nombre científico es canabis sativa, es un depresor y alucinógeno compuesto por más de 400 sustancias, una de ellas es el TCH (delta-9-tetrahidrocannabinol), componente psicoactivo involucrado en la liberación de altos niveles de dopamina, responsable de la sensación de placer y de la activación neurobiológica de los circuitos de adicción en muchas personas.

 

“La marihuana también interfiere en los procesos de atención, concentración y memoria de corto plazo, por lo que los consumidores tienden a presentar un menor rendimiento académico. Puede ocasionar también crisis de pánico, episodios psicóticos y esquizofrenia, aunque su consumo sea ocasional. Si es de forma habitual, puede producir síndrome amotivacional, cuadro de apatía y desinterés generalizado, que se confunde con crisis de adolescencia o depresión y que cede al suspender el consumo”, explica la doctora Carola Álvarez, psiquiatra de la Unidad de Adolescencia de Clínica Alemana, institución que ha desarrollado la campaña “Dile NO a las drogas”, que busca prevenir su consumo enfatizando los efectos perjudiciales que tienen para la salud.

 

Adolescentes vulnerables
El riesgo de desarrollar una adicción se relaciona con factores individuales, familiares y sociales, como pobreza y marginalidad. En la adolescencia se producen cambios importantes a nivel psicológico relacionados con la configuración e integración de la identidad, desarrollo de un proyecto de vida y búsquedas a nivel espiritual y social, que llevan a consolidar la estructura de la personalidad más adulta. Los jóvenes tienden a ser curiosos y apasionados, cualidad que les permite crear e involucrarse en causas sociales, pero también los pone en riesgo de probar cosas nuevas, como las drogas. Además les cuesta mucho resistir la presión de sus pares, lo que junto con la poca conciencia de los riesgos y creer que “a mí no me va a pasar”, contribuyen a que se presente el “consumo experimental de drogas”.

 

La doctora Álvarez agrega que los jóvenes serían neurobiológicamente más vulnerable a la exposición de drogas y tienen mayor riesgo de hacerse adictos, porque en esta etapa del desarrollo se producen importantes cambios en los circuitos cerebrales, que podrían verse afectados por la presencia de estupefacientes en el cerebro. “A menor edad de exposición a drogas, mayor es el riesgo de desarrollar una adicción”, describe la profesional.

 

Otras características que contribuyen a que exista mayor probabilidad de sufrir una adicción son conducta agresiva de inicio precoz, impulsividad, dificultad para postergar la gratificación inmediata, trastornos del ánimo y ansiosos, déficit atencional con hiperactividad, y dificultad de integración social. Para el desarrollo de una adicción se conjugan diversas variables, porque la enfermedad adictiva es una realidad compleja y multicausal.

 

¿Cómo mantener, entonces, lejos las drogas? La doctora Patricia González, psiquiatra de la Unidad de Adolescencia de Clínica Alemana, da algunos consejos:

-Evitar la exposición precoz a cualquier sustancia que produce adicción (tabaco, alcohol, marihuana, etc.).

-Fomentar un estilo de vida saludable y la realización de actividades deportivas.

-Incentivar la partencia a grupos de participación social.

-Estimular el reconocimiento y desarrollo de fortalezas y recursos personales, familiares y sociales, los que actúan como escudo contra conflictos y dificultades.

-Padres involucrados en la vida de sus hijos, es decir, fuerte vínculo padre-hijo, activa participación en su vida y hablar frecuentemente con ellos.

-Límites claros y disciplina aplicada consistentemente, ser firmes sobre el hecho de que no se deben usar drogas y alcohol, y ayudarlos a resistir las presiones de los amigos de probarlos.

-Conocer a los amigos y a los padres de los amigos, saber los lugares donde van y con quién.

¿Cómo darse cuenta que un hijo está consumiendo drogas?

Los padres deben estar atentos a los cambios en el comportamiento habitual de sus hijos, ya que permiten sospechar que algo importante le está ocurriendo.

Señales de alerta o inespecíficas del consumo de drogas:
-Descuido del aseo personal.
-Cambios de humor.
-Deterioro en las relaciones con sus familiares y amigos.
-Cambios en el rendimiento académico y desinterés en los deportes u otras actividades favoritas.
-Cambios en los hábitos de comer o dormir.

Señales que hacen sospechar altamente el consumo:
•Mareo o descoordinación.
•Que payasee o se ría sin razón.
•Ojos muy rojos e irritados. Que use gotas para los ojos.
•Frecuente dificultad para recordar hechos recientes.
•Que le encuentren drogas o artículos usados para su consumo (pipas y papel para hacer cigarros).
•Olor raro o sospechoso en la ropa o en el dormitorio. Uso frecuentemente de incienso o desodorante ambiental.
•Que tenga ropa, joyas o carteles que promuevan el uso de drogas.
•Que no pueda explicar en qué se ha gastado el dinero.

 

“Si el problema se presenta, primero los padres deben escuchar lo que su hijo tiene que decir, abrir los canales de comunicación y, en caso de sospechas fundadas asociadas a cambios importantes en su funcionamiento, consultar con un especialista. La detección e intervención precoz en adolescentes con abuso de sustancias tiende a actuar como un factor positivo en la evolución del cuadro”, asegura la doctora Patricia González.