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Cuando surgen las dudas sobre el Viejito Pascuero

Niños:

Cuando surgen las dudas sobre el Viejito Pascuero

06/02/2013
2 min lectura

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Esta época del año es lejos una de las más emocionantes para los niños. Las calles y casas se llenan de colores, alegría y magia para celebrar la Navidad, y ellos esperan con ansias la noche en que un personaje de traje rojo y larga barba blanca visitará sus casas con su saco lleno de regalos.

Esta historia se repite año tras año hasta que llega un momento en la vida en que los niños empiezan a cuestionar la existencia del Viejo Pascuero, así como también la de otros personajes de fantasía, como el Ratoncito de los dientes y el Conejito de los huevos de Pascua.

La psicóloga de Clínica Alemana Anamaría Dávila, explica que las primeras preguntas surgen al inicio de la etapa escolar. “A medida que los niños crecen, van ocurriendo una serie de cambios en su estilo de pensamiento. Logran diferenciar con mayor claridad fantasía de realidad y surge más claramente el pensamiento lógico. Todo comienza a tener una explicación más real y concreta, quedando la fantasía paulatinamente relegada y cuestionada por la razón. Además, muchas veces “los compañeros de curso (generalmente los que tienen hermanos mayores) inician procesos de reflexión y duda respecto de la existencia de estos personajes”, sostiene.

¿Qué decirles?

La psicóloga explica que creer en el Viejo Pascuero es estar conectado con la fantasía, aspecto muy importante durante la infancia, ya que es la base del juego, actividad fundamental en la vida de los niños, pues permite desarrollar la creatividad, el aprendizaje y la elaboración de diferentes situaciones que se enfrentan en la vida cotidiana.

“Los niños disfrutan y se motivan participando de las actividades que rodean la llegada del Viejo Pascuero. Les da la posibilidad de planificar y organizar su acción, al mismo tiempo que contribuye a estimular la tolerancia de la frustración. Viven sentimientos de emoción, esperanza y felicidad. Aún no cabe la posibilidad de reflexionar acerca del tema, por la edad”, aclara.

Cuando un niño espontáneamente comienza a cuestionar la existencia del Viejo Pascuero, probablemente ya se encuentra en una etapa evolutiva en que la fantasía no es tan necesaria y donde puede acceder a ella a través de otras vías.

Agrega que cuando son pequeños, ellos mismos quieren seguir creyendo en el Viejito Pascuero, entonces si preguntan sobre su existencia, se les puede responder con otra pregunta: ¿tú crees que existe? De este modo, se puede chequear cuál es la inquietud del niño y en qué etapa de reflexión se encuentra.

Cuando los niños son mayores y comienzan abiertamente a cuestionar la existencia de este personaje u otro personaje de la fantasía, la psicóloga recomienda conversar con ellos y preguntarles qué piensan y cuáles son los argumentos que esgrimen para poner en duda su existencia, de manera de poder acompañarlos en el proceso. Lo clave es hacer que ellos mismos se respondan estas dudas y así se va viendo en qué etapa del proceso están. “De esta forma, evitamos adelantarnos o retrasarnos en la información que le vamos a dar”, afirma.

Es importante destacar que, actualmente, la creencia en este personaje es casi universal, los niños lo ven en los medios de comunicación y escuchan sobre él en el colegio, por lo que se hace difícil abstraerse de la temática en esta época del año. Sin embargo, es rol de los padres re-orientar y reformular constantemente el sentido que quieren darle a la Navidad, dependiendo de sus valores, creencias y estilos de vida.

También hay familias en que no existe la tradición del Viejo Pascuero, producto de su historia cultural y de su contexto particular. En estos casos, la psicóloga sostiene que lo importante es que cada grupo familiar sea consistente con su sistema valórico y pueda contener a sus niños, explicándoles de manera cariñosa por qué ellos no participan de determinada creencia o rito.

Por último, la especialista destaca que, más allá del personaje, la época navideña es una buena oportunidad para estimular valores como la solidaridad y empatía, aspectos que no se deben perder de vista.