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¡Soy papá!

¡Soy papá!

25/07/2013
2 min lectura

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El príncipe William de Inglaterra acaba de ser padre por primera vez. Él, como millones de hombres en el mundo, debe vivir y disfrutar este rol y, a la vez, acompañar a la madre de su hijo en todo el proceso de paternidad.

“El nacimiento de un hijo implica un periodo de adaptación para todo el sistema familiar y, por lo tanto, se estima que puede tomar entre seis y doce meses poder incorporarlo de manera adecuada y organizar la vida. Esto desde el punto de vista de la restitución del equilibrio propio de la vida saludable: rutinas, horarios, tiempos para distintas actividades etc.”, explica el doctor Alejandro Koppmann, psiquiatra de la Clínica Alemana.

El especialista agrega que los nuevos papás tienen aprensión de no ser capaces de cumplir con su rol de marido y padre. Estos miedos son normales siempre que no paralicen las necesarias acciones en torno al cuidado del niño.

Entre los cambios que experimentan los hombres, están la alegría por las cosas que hace el hijo, pero también inseguridad y angustia respecto del correcto ejercicio del rol, principalmente, con el primer hijo. Además, en muchas ocasiones, sentimientos de abandono, de no pertenencia y celos en relación a la dedicación que la pareja tiene hacia el hijo en desmedro de la atención hacia el marido. Antes, ella era su pareja y hoy es la madre de un tercero. En ciertos casos, algunos papás pueden tener síntomas adaptativos (ansiedad y sintomatología depresiva moderada) derivados de dificultades en asimilar el nuevo rol de padre.

Entre los cambios que experimentan los hombres, están la alegría por las cosas que hace el hijo, pero también inseguridad y angustia respecto del correcto ejercicio del rol. Además, en muchas ocasiones, sentimientos de abandono, de no pertenencia y celos. En algunos, genera conflicto aceptar su nueva posición dentro del hogar, ahora que existe alguien que capta toda la atención de la mamá. Antes, ella era su pareja y hoy es la madre de un tercero. En ciertos casos, algunos papás pueden tener síntomas adaptativos (ansiedad y sintomatología depresiva moderada) derivados de dificultades en asimilar el nuevo rol de padre.

En el ámbito sexual, se sugiere no genitalizar la sexualidad. “Si bien transcurridas algunas semanas después del parto es posible volver a tener un coito, un modo natural y fluido de retomar la sexualidad es a través del afecto: abrazos, caricias, besos etc. que no necesariamente obliguen a ir mas allá. Esta gradualidad puede facilitar las cosas. Recordemos que además la mujer tiene una dificultad con su propio cuerpo que ha cambiado y debe ser nuevamente reconocido de manera amistosa y no forzada”, aconseja el doctor Koppmann.

Trabajo en equipo
El apego padre-hijo le entrega al niño la seguridad y la confianza básica, que son fundamentales en el desarrollo mental saludable. En este sentido, el padre y la madre tienen responsabilidades compartidas. Las relaciones de apego seguras (estables y coherentes) son sanas para la consolidación de la relación y del grupo familiar.

Por esto, es importante que la mujer incluya al papá en los cuidados del recién nacido. Para esto, antes del nacimiento, él tiene que ir a los controles, hablarle al niño y compartir las tareas para preparar su llegada, como la decoración de la pieza, elegir el nombre, etc.

Después del parto, tienen que participar en lo cotidiano y dialogar para sentir que la carga se reparte de manera justa. Por ejemplo, si la mamá trabaja en el cuidado del niño, él no puede esperar que cuando llegue a la casa en la noche, su mujer esté feliz, arreglada y lista para salir, sino más bien cansada y esperando su ayuda. Todo esto no es eterno, pero durante los primeros meses, la empatía y comprensión son fundamentales.