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Sobrevivientes de hanta donan plasma para salvar a otros

Sobrevivientes de hanta donan plasma para salvar a otros

07/02/2015
2 min lectura

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“Fue después de unas vacaciones familiares en Chillán, en septiembre de 1996. Allá esquiamos, recorrimos los bosques, donde había leña y todo era rústico. Me acuerdo que, estando allá, vi en las noticias una nota sobre el hanta, enfermedad de la que no se sabía mucho en ese entonces, pero que al poco tiempo me tenía en la clínica”, cuenta Paulina Walker (32), quien sufrió esta peligrosa patología a los 14 años, pero logró sobrevivir y hoy es una de las personas que dona su plasma (sangre sin glóbulos blancos ni rojos) para elaborar un suero que ha salvado a otros afectados con hanta.
 
Esta diseñadora dice que tres semanas después de volver, comenzaron los síntomas, le costaba respirar y luego tuvo mucha fiebre. Fue empeorando, hasta que la llevaron al Servicio de Urgencia de Clínica Alemana, donde el doctor les preguntó algo que les llamó mucho la atención: si había estado en contacto con ratones.
 
Con la sospecha de que se trataba de hanta, Paulina fue internada inmediatamente: “Fueron diez días en la UCI, con coma inducido y ventilador mecánico, pero sin diagnóstico seguro porque el examen se mandaba a EE.UU. y la confirmación llegó unos días después. Fue un periodo de mucha incertidumbre para mi familia, pensaron que me iba a morir porque no había cura. Después de unas mejoras y recaídas, repunté, me sacaron el respirador y desperté sin noción del tiempo ni recuerdos. Luego estuve unos 10 días más fuera de la UCI, donde comencé la rehabilitación con kinesiología porque estaba súper débil, me hacían ejercicios de respiración y caminar un poco”.
 
La recuperación duró unos meses, tuvo que cerrar el año escolar antes y las vacaciones fueron con algunos cuidados para que se regeneraran los pulmones. Quedó sin secuelas.
 
Suero contra el hanta
Haber tenido hanta dejó a Paulina con anticuerpos, base para el estudio que está siendo realizado por un equipo de la Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo desde el 2008, y en el cual se está desarrollando un suero con el plasma de pacientes que han sobrevivido a esta enfermedad, el que aumenta la inmunidad y mejora el pronóstico de los afectados con hanta.
 
Paulina es una de las 30 personas que han donado plasma, el que ha sido administrado a más de 50 pacientes, de entre cinco y 70 años de edad, lo que ha logrado disminuir los niveles de mortalidad del síndrome cardiopulmonar por hantavirus de 33 a 13%.
 
El doctor Pablo Vial, infectólogo de esta institución y decano de la Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo, explica que el sistema inmune de los pacientes que se recuperan produce anticuerpos que neutralizan exitosamente el virus hanta. Entonces, se les pidió donar plasma, el cual se extrae en el Banco de Sangre de Clínica Alemana.
 

Este material es almacenado a -70°C y, una vez que se diagnostica la infección en una persona, en su fase inicial o aguda, es administrado. Este proceso dura entre una y dos horas. Después, solo queda esperar que los anticuerpos neutralicen los efectos de la enfermedad en el organismo.

 

Hasta ahora, este es el único producto específico que puede ser utilizado contra el hanta. Aún es una terapia experimental y tiene más probabilidades de éxito si la enfermedad está en etapa inicial, sin complicaciones, como insuficiencia respiratoria y shock, por lo que el diagnóstico precoz es muy importante.
 

“Ya he donado plasma varias veces, en ocho años, y lo hago feliz porque puedo ayudar a la gente. Sé por lo que pasa la familia, es una enfermedad horrible y sin remedio, y quizás esto puede curarla. Además, no me cuesta nada y puedo salvar una vida”, concluye Paulina.

 

“Como equipo médico, estamos muy agradecidos de la buena disposición de los donantes y su voluntad de colaborar generosamente con el avance de los tratamientos que podemos ofrecer. Esta es una enfermedad que requiere urgentemente que encontremos respuestas que eviten sus complicaciones y mortalidad”, concluye el doctor Pablo Vial.