Artículo realizado en colaboración con el equipo de Traumatología y ortopedia.
Cuando nos lesionamos, una de las indicaciones más frecuentes es la inmovilización ortopédica. Este tratamiento consiste en el uso de dispositivos diseñados para mantener una parte del cuerpo fija y protegida, favoreciendo una recuperación segura y efectiva. Puede incluir desde yesos tradicionales hasta elementos removibles como férulas o botas ortopédicas.
Cumple un rol clave en el proceso de recuperación. Dependiendo del tipo de lesión, su objetivo puede ser:
Proteger la zona afectada.
Mantener una correcta alineación.
Disminuir el dolor.
Reducir el riesgo de nuevas lesiones.
Todo esto permite, además, que puedas continuar con algunas actividades de tu vida diaria de forma más segura.
El tiempo de uso se define caso a caso, según la lesión y tu evolución clínica. Hoy en día, la tendencia es inmovilizar solo el tiempo necesario, evitando períodos prolongados cuando no son indispensables:
Algunos esguinces leves pueden no requerir inmovilización.
Lesiones de mayor compromiso suelen necesitar entre 2 y 4 semanas.
En el caso de fracturas, la inmovilización puede extenderse hasta 8 semanas o más.
Durante los primeros días es habitual experimentar:
Dolor leve.
Sensación de presión moderada.
Algo de hinchazón.
Estas molestias suelen disminuir progresivamente, pero si el dolor aumenta, aparece entumecimiento intenso, cambios de color en la piel o inflamación importante, es importante consultar a un especialista.
Es prioritario cuidar la inmovilización, revisar periódicamente su estado y estar atentos a cualquier cambio. Si el inmovilizador se suelta, se rompe, se moja o deja de cumplir su función de mantener la zona fija se debe consultar oportunamente para evaluarlo y, si es necesario, reemplazarlo. Un buen control y cuidado ayudan a que la lesión sane correctamente y a evitar retrasos en la recuperación.
A continuación, te entregamos algunos consejos prácticos para tu rutina diaria:
Mantener el dispositivo limpio y seco
El yeso, la férula o la bota ortopédica deben mantenerse siempre limpios y secos para proteger la piel. Además, es recomendable:
Mantener la extremidad elevada, especialmente los primeros días.
Aplicar hielo (según indicación médica) para disminuir la inflamación y evitar sensación de presión.
Si el dispositivo es removible, debes usarlo solo como fue indicado y evitar retirarlo más tiempo del recomendado.
Evitar manipulaciones que puedan dañarlo
No mojar el yeso ni introducir objetos para rascarse, ya que esto puede provocar heridas o infecciones en la piel.
No cortar ni modificar el dispositivo, ya que podría perder su función de inmovilización y afectar el tratamiento.
Cuidados durante la higiene personal
Si tienes yeso, es importante evitar sumergir la extremidad. Prefiere duchas con sistema manual y solicita ayuda si es necesario.
Como medida extra, puedes envolver la zona con una bolsa plástica para protegerla del agua.
Si usas una férula removible, consulta con tu médico si es posible retirarla solo por algunos minutos durante la ducha.
Descanso y posición para dormir
Durante las primeras semanas, intenta mantener la extremidad elevada sobre cojines al dormir o descansar. Busca una posición cómoda que te permita relajarte sin poner en riesgo la inmovilización.
Cuidado de la piel
Mantener limpia y seca la zona alrededor de los bordes del yeso o la férula.
Debido a que el lavado con agua y jabón puede ser difícil, te recomendamos usar toallas húmedas o alcohol gel.
Aplicar crema humectante solo en la piel expuesta y acolchar las zonas de presión si notas irritación.
Si eres deportista o muy activo
Evita realizar actividad física porque el sudor y la humedad pueden dañar la piel bajo el dispositivo. Además, existe mayor riesgo de caídas o accidentes al no contar con la extremidad completamente funcional.
Movimiento y ejercicios
Lo ideal es inmovilizar solo la zona lesionada y mantener en movimiento las articulaciones vecinas. Esto ayuda a:
Prevenir rigidez.
Favorecer la circulación.
Disminuir la inflamación.
Por ejemplo, si tienes un inmovilizador de muñeca, es importante mover los dedos con frecuencia, siempre respetando las indicaciones de tu equipo de salud.
Ante cualquier duda, dolor intenso o cambios llamativos, no dudes en consultar uno de nuestros especialistas en Traumatología. Un buen cuidado diario es clave para una recuperación segura y efectiva.
Durante los primeros días de una inmovilización ortopédica es esperable sentir molestias leves, como presión, tirantez o un dolor moderado que mejora al elevar la extremidad o aplicar hielo. Estas sensaciones suelen disminuir progresivamente a medida que avanza la recuperación.
Sin embargo, existen signos de alerta a los que debes poner especial atención, ya que pueden indicar una complicación y requieren evaluación médica, como:
Dolor intenso y progresivo, que no mejora con la elevación de la extremidad ni con la aplicación de hielo.
Sensación de adormecimiento, hormigueo o pérdida de sensibilidad en la zona inmovilizada o en los dedos.
Sensación de presión excesiva, especialmente si se acompaña de dificultad para mover los dedos.
Cambios de coloración en los dedos, como palidez, coloración azulada o enrojecimiento marcado.
También es importante consultar de forma oportuna si:
El yeso se moja, se rompe o se afloja, perdiendo su capacidad de inmovilizar correctamente.
La férula o el inmovilizador ya no cumple su función o genera molestias importantes.
Ante cualquiera de estos síntomas, o si tienes un dolor que empeora con el paso de las horas pese a seguir las indicaciones entregadas por tu médico, no postergues la consulta. Reserva una hora con nuestros traumatólogos, porque detectar a tiempo una complicación es clave para una recuperación segura y sin contratiempos.
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