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"¡Ayuda!, no se qué estudiar"

Crisis vocacional:

"¡Ayuda!, no se qué estudiar"

17/03/2003
5 min lectura

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'Ayuda, no sé qué estudiar!', es una frase que se repite constantemente entre diciembre y marzo de cada año. Y es que a veces las vacaciones, en vez de ser un oasis de descanso, se convierten en un genuino calvario para quienes viven una etapa de desorientación sobre su futuro académico.

El problema se agrava cuando los plazos se acortan y marzo se aparece para presionar aún más la atribulada cabeza de los futuros universitarios. Aunque la gran mayoría de las personas inicia sus actividades durante los próximos 30 días, este mes representa un período bastante especial para estos jóvenes. Comienza un nuevo ciclo en sus vidas, que tomará varios años y que será determinante para su futuro laboral. Por lo mismo, tomar una decisión correcta es tan importante como necesario. Lamentablemente, no siempre es posible hacerlo, y el largo camino universitario comienza a congestionarse con desilusiones y dificultades.

Un reciente estudio de la Universidad de Chile, demuestra que el problema de las crisis vocacionales parece estar cada día más presente. La investigación, que fue realizada por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro de esa casa de estudios, tuvo lugar a fines del año pasado, pocos días antes de que 187 mil jóvenes dieran por última vez la Prueba de Aptitud Académica. La encuesta se aplicó a 5 mil postulantes, que ya habían rendido el examen al menos una vez, y que nuevamente se sometieron al test de admisión. Los resultados, como se puede suponer, fueron tan preocupantes como sorprendentes.

Al ser consultados sobre las motivaciones para elegir una carrera, el 30% de los jóvenes dijo que lo hizo por vocación, un 28% porque es la opción que más se acerca a sus intereses, sin ser lo que realmente les gusta, y un 22% no sabe por qué eligió tal o cual carrera. Es decir, alrededor de un 50% no está totalmente seguro o conforme con la elección que hizo. También, se le preguntó a un grupo de alumnos, que está cursando estudios universitarios, las razones para rendir por segunda o tercera vez la Prueba de Aptitud. De ellos, el 44% argumentó que 'no me gustó la carrera', un 20% dijo 'no quedé en lo que quería', a un 15% 'no le gustó la universidad' y a un 6% 'le fue mal'.

Según Alejandra Silva, psicóloga de Clínica Alemana, se puede hablar de crisis vocacional cuando el joven está 'en un momento en que no es capaz de tomar una buena decisión sobre qué hacer con su futuro. Este tipo de casos se dan principalmente al terminar el colegio, gatillados porque obligatoriamente hay que tomar una determinación sobre qué hacer al salir de cuarto medio. Lo que pasa, es que en ese instante son muchas las variables que están interactuando, lo que a veces genera una desorientación en el joven, favoreciendo la aparición de estos problemas. Eso no descarta que por diversas razones, estas crisis no ocurran una vez que la persona ya está en la universidad. No obstante, en este escenario el problema responde a asuntos más trascendentales, que tienen que ver con dudas y cuestionamientos de orden existencial', explica.

Factores que influyen en una crisis vocacional y cómo enfrentarla
Al igual que en muchas otras circunstancias, existen determinados factores que pueden influir en que ciertas personas, tengan una mayor predisposición a experimentar una crisis vocacional. Como explica la especialista de Clínica Alemana, 'hay elementos de orden personal que ciertamente son importantes. Por ejemplo, hay personas que les cuesta más tomar decisiones, porque durante gran parte de sus vidas otros individuos han decidido por ellos o porque simplemente, están en otra etapa del proceso de maduración. Eso quiere decir, que no todos los individuos están en igualdad de condiciones al momento de elegir una opción. Lo cierto es que en sujetos que son más pasivos y por lo tanto, menos asertivos, este período de decisiones será más difícil'.

Otras consideraciones que deben ser tomadas en cuenta, se relacionan con aspectos sociales del país. Para nadie es un misterio que existen deficiencias en el sistema educacional chileno. Ni en el nivel escolar, como tampoco en las universidades, existen instancias estables y definidas cuya función sea ayudar a los jóvenes a tomar decisiones sobre su futuro formativo. Probablemente, uno de los mayores aciertos en este sentido sean los bachilleratos, que varias instituciones ofrecen a los alumnos que por primera vez pisarán el suelo universitario.

No obstante, probablemente el elemento de mayor preponderancia está asociado al factor cultural. Alejandra Silva opina que 'actualmente lo que está aceptado o no, se define desde un punto de vista cultural. Por ejemplo, no es lo mismo que un joven le diga a sus padres que va a estudiar ingeniería o arte. Sin desmerecer ninguna de las dos alternativas, se sabe que una corresponde a las llamadas carreras tradicionales, que supuestamente asegura un futuro estatus y un nivel de ingresos determinado.

En cambio, la segunda opción representa para el joven un alto costo en la relación con sus padres, sus amigos y su círculo social, pues se relaciona con un futuro incierto y complicado. En este contexto, la diversidad es un valor que hay que promover en el núcleo familiar, porque todos somos distintos y el joven debe escoger de acuerdo a sus intereses'.

Por lo mismo, la psicóloga recalca que al momento de tomar la decisión sobre qué estudiar, es fundamental 'considerar los gustos y las capacidades personales, intentando encontrar un equilibrio entre ambas variables. Uno no puede estudiar algo que no le gusta, porque nunca se sentirá satisfecho. Como tampoco se puede estudiar una carrera para la cual no se tienen las capacidades necesarias, sin correr el riesgo de sufrir varias frustraciones', opina la psicóloga.

Y agrega: 'También es importante que los jóvenes se informen adecuadamente de las alternativas académicas: qué ramos comprende la malla, cuáles son las exigencias de estudio y los requisitos que demanda una determinada carrera. Varias veces, los problemas de crisis vocacionales se relacionan más con una falta de información, que con un proceso de desorientación propiamente tal'.

En cuanto a los padres, es importante afirmar que las posibilidades de elección de los hijos están muy relacionadas con el contexto familiar. Hay familias que son más permisivas que otras y algunas, se caracterizan por un claro ambiente de intolerancia. En general, se considera que en las familias que presionan más, los jóvenes tienen un rango muy limitado de opciones y por ende, las posibilidades de equivocación son ampliamente mayores.

Por ello, se recomienda a los padres 'mantener la incondicionalidad del afecto y ser capaces de transmitir a sus hijos que cualquier decisión que ellos tomen, será respaldada. Es necesario aclarar, que la relación no está en juego por la carrera que decidan estudiar o porque quieran cambiarse a una diferente. En cualquier caso, es conveniente que los padres hagan sentir a sus hijos responsables de las decisiones que toman, porque después de todo, están empezando a construir su futuro', explica Alejandra Silva.

Por último, los padres, los profesores y los mismos jóvenes, deben entender que el término del colegio y el inicio de la vida universitaria es un proceso complejo, ya que involucra un cambio en el ciclo formativo de las personas. Por lo mismo, la psicóloga señala con justa razón que 'tomar una decisión que puede marcar el futuro de una persona, a los 17 ó 18 años, no es fácil, pues involucra demasiada responsabilidad. Una manera de restarle presión al joven, es enseñarle que en la vida siempre hay que dejar la puerta abierta a los cambios, porque éstos existen. Hay que pensar que nada es total y absolutamente definitivo'.