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¡Mi hijo entra al colegio!

¡Mi hijo entra al colegio!

28/02/2012
2 min lectura

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Se acerca uno de los días más emocionantes para una mamá, el primer día de colegio de un hijo. No todos los niños reaccionan igual ni tampoco los padres, ya que hay algunos más relajados y otros un poco más aprensivos con la situación, algo que determina mucho la experiencia vivida por el pequeño.

Así lo explica la psicóloga de Clínica Alemana Sandra Oltra, quien agrega que lo principal es transmitirle seguridad en el nuevo lugar y con las nuevas personas con las que va a interactuar, para lo cual es necesario que los padres también tengan confianza en que su hijo va a estar protegido y seguro en el colegio, ya que de este modo se lo traspasan al menor.

“Los principales temores están relacionados con la separación de los padres y de su entorno familiar. El problema es que esto a veces se exacerba porque el niño percibe una serie de expectativas y ansiedades en los adultos, lo que evidentemente lo inseguriza”, asegura.

La especialista sostiene que el proceso de adaptación de un niño a una situación desconocida varía según múltiples factores relacionados con las características del menor y de las situaciones familiares o contextuales. Sin embargo, la mayoría es capaz de hacerlo fácilmente si se siente seguro y protegido.

La experiencia previa de haber asistido a la sala cuna o jardín puede minimizar la ansiedad frente a lo desconocido, ya que han tenido que enfrentarse al proceso de separación de sus figuras de apego más significativas, así como también la experiencia de socialización temprana como compartir con otros niños de su edad y estar a cargo de otros adultos con los que se siente seguro.

Asimismo, agrega que puede favorecer el hecho de que el niño haya asistido al jardín o play group en el mismo colegio, ya que se enfrenta a un espacio conocido que ayuda al proceso de socialización y le otorga herramientas para ir adaptándose positivamente a los distintos lugares con la flexibilidad que se requiere, lo que también le da la oportunidad de generar vínculos afectivos.

Sin embargo, es importante entender que todos los niños son diferentes, hay algunos que logran adaptarse sin dificultades a pesar de no haber asistido previamente a educación pre-escolar y otros que por temperamento son más ansiosos, temerosos e inhibidos; ellos son, probablemente, los más vulnerables a enfrentar situaciones desconocidas.

Con estos últimos, se recomienda implementar un proceso de aproximación y familiarización con esta nueva experiencia para que se sientan más confiados y con mayor control sobre la situación. Una idea que puede ayudar es llevarlos a conocer el lugar antes, aunque no es imprescindible. También es positivo anticiparle cómo será su rutina, llegar puntual a dejarlo y buscarlo, escoger colaciones que le gusten y, eventualmente, permitir que lleve un juguete regalón en su mochila.

Es aconsejable que se le haya dicho antes cómo funciona ir al colegio y quiénes estarán para cuidarlo, así como las actividades y los otros niños con los que compartirá. Así, el primer día de clases se hace más predecible, existiendo menos fantasías en torno a él.


¿Y si llora?

Muchas mamás se angustian pensando en qué hacer si su hijo llora o no se quiere quedar en el colegio. Es fundamental que esta primera experiencia con el colegio NO sea traumática.

“Si bien todos los papás están igualmente ansiosos este primer día, es fundamental que el niño perciba tranquilidad y confianza de parte de ellos hacia esta nueva experiencia. Lo imprescindible es transmitirle al niño que el lugar donde se va a quedar es seguro y que cuenta con gente que lo va a cuidar”, enfatiza.

Sandra Oltra explica que quedarse con ellos un rato es una medida que los calma y los hace sentir contenidos durante los primeros instantes en que se están familiarizando con el lugar. Sin embargo, es importante que los papás tengan presente que cada institución educacional tiene estrategias para ayudar a los niños en su primer día de clases, según las normas y la experiencia del lugar.

Una vez ahí, es preferible dejar que los niños vayan generando sus propias interacciones con los otros pequeños, lo que puede ser guiado y supervisado por los adultos, siempre cautelando una progresiva autonomía.