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Alergia alimentaria en niños

Alergia alimentaria en niños

31/07/2013
2 min lectura

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Los alimentos que producen alergias no solo “caen mal”, sino que al consumirlos, pueden producir dermatitis, asma, síntomas gastrointestinales y malestar general. Esto es lo que caracteriza a las alergias alimentarias, reacciones determinadas por un mecanismo inmune y que son cada vez más habituales en los niños.

“Han aumentado y la principal explicación se da por la teoría de la higiene, que establece que al tener ambientes más limpios, estamos expuestos a menos infecciones y empiezan a aparecer enfermedades inmunológicas, ya que el cuerpo empieza a reaccionar frente a elementos inocuos”, explica la doctora María Eugenia Arancibia, gastroenteróloga infantil de Clínica Alemana.

El grupo de mayor riesgo son los niños con antecedentes familiares de alguna alergia como rinitis, asma, dermatitis atópica o alergias alimentarias. Si ambos padres sufren de alguna de estas patologías, el 70% de sus hijos tiene riesgo de desarrollar una enfermedad alérgica como la alergia alimentaria. En cambio, cuando no hay antecedentes, el riesgo es de 10%.

“Es más habitual antes del año de vida, por lo que las familias con factores de riesgo deben estar atentas a cualquiera de los síntomas para hacer un diagnóstico precoz y tener un mejor pronóstico de la evolución de la enfermedad y que los síntomas no sean tan agresivos”, agrega la especialista.

Los síntomas de una alergia alimentaria van desde síntomas generales, cutáneos (dermatitis) y respiratorios (rinitis, asma) hasta digestivos (vómitos, diarrea, dolor abdominal, constipación) e incluso, anafilaxia. Todos se desencadenan al ingerir el alimento alérgeno.

Se debe identificar lo que produce la alergia

El tratamiento para estos casos se basa en no consumir lo que produce la reacción. “Se debe determinar de qué alimento se trata. Para esto, se busca una relación causa-efecto con pruebas de ensayo y error, es decir, quitando y volviendo a dar la comida sospechosa, observando si se produce la reacción o no y si es que esta se acaba al no darle ese alimento. Pero hay que ser bien riguroso en adjudicarle una manifestación clínica determinada, para no quitar productos por si acaso y desnutrir a la mamá o al niño”, dice la doctora Arancibia.

Una vez identificado, la persona no debe volver a ingerirlo, porque pequeñas dosis pueden desencadenar reacciones severas y la recuperación es más lenta. Asimismo, hay que considerar que, además de la ingesta, se puede entrar en contacto con el alérgeno por vía cutánea o inhalatoria (vapores de lo que se está cocinando). Por esto, hay que tener cuidado con cremas, perfumes, cosméticos, juguetes y otros objetos que puedan contener el elemento alergizante.

En cuanto a la prevención de alergias alimentarias en lactantes, se recomienda no darles huevo, pescado o maní antes del año de vida, aproximadamente. Además, a un menor con antecedentes de alergia no se le debería dar leche de vaca, para evitar que reaccione a su proteína. En estos casos, se aconseja darle lactancia materna exclusiva y, si no se puede, utilizar leches parcialmente hidrolizadas, que son fórmulas que contienen trozos de proteínas menos alergizantes.

La alergia a la proteína de la leche de vaca es la más frecuente en la infancia. Un tratamiento adecuado asegura cerca de un 85% de mejoría al año, por lo tanto, durante ese periodo debe permanecer con una dieta que no contenga leche de vaca. Si el niño recibe lactancia materna, se realiza una dieta de eliminación de este producto a la madre por el tiempo de amamantamiento.

 

“Aparte de suprimir los lácteos, hay que evitar otros alimentos que, en forma no tan evidente, puedan tener proteína de leche de vaca”, afirma la doctora Arancibia.

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No confundir con intolerancia a la lactosa
A diferencia de una alergia alimentaria, en esta patología, el organismo no es capaz de digerir la lactosa (azúcar de la leche), pero tampoco la ataca. Sus síntomas son dolor, distención abdominal y diarrea, los que duran un par de horas. Además, es raro que se diagnostique en menores de cuatro años.