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Cuando nació y lo oí llorar, pasé del miedo al éxtasis

Gabriela Arqueros, mamá de un niño prematuro:

Cuando nació y lo oí llorar, pasé del miedo al éxtasis

24/02/2013
3 min lectura

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Todavía faltaban tres meses para que naciera Fernando, el hijo menor de Gabriela Arqueros, cuando ella empezó a sentir contracciones. “Llegamos a la Urgencia de Clínica Alemana, pensando que eran pasajeras, pero eran de parto”, recuerda esta abogada de 39 años.

Ese día quedó hospitalizada, con monitoreo constante. Fueron tres largas semanas, en las cuales pasó por muchas emociones: “El equipo médico me apoyó todo el tiempo y me iba informando lo que estaba pasando, siempre bajo el principio de la realidad.

Además, sin los cuidados de las matronas, esas semanas habrían sido terribles, ellas hacen que sea posible llegar a buen puerto, tienen detalles durante la estadía que se agradecen y evitan que te dé depresión, porque la situación es difícil. No me importaba el dolor físico, lo más doloroso era sentir las pocas posibilidades que él tenía de vivir. Me dolía el alma”, dice.

Gabriela quería llegar a la semana 34 porque había leído que es cuando los niños desarrollan el reflejo de succión, pero la madrugada del 15 de julio del 2007, con 27 semanas de embarazo, las contracciones volvieron más fuertes y los medicamentos no hicieron efecto: “Fernandito quería nacer y llegó en la noche. Iba aterrada al pabellón, pensaba que se iba a morir. Había mucha gente, especialistas para mí y para la guagua, con una incubadora que nunca había visto. Sentí la situación de emergencia, pero al mismo tiempo, eso me dio seguridad”, cuenta.

Se había imaginado los peores escenarios, pero nunca se lo dijo a nadie; debía creer que iba a salir todo bien, aunque por dentro tenía el susto más grande. “Cuando nació y lo oí llorar, pasé del miedo al éxtasis”, confiesa.

Segunda batalla

El doctor Andrés Maturana, neonatólogo de Clínica Alemana, explica que un niño prematuro es el que nace antes de las 37 semanas de gestación, siendo prematuro extremo antes de las 32. Sus sistemas son inmaduros y, en la mayoría de los casos (principalmente menores de 34 semanas), es necesario hospitalizarlos por largos periodos, por su incapacidad de mantener una temperatura estable y de coordinar la succión, deglución y respiración. Asimismo, son propensos a desarrollar enfermedades respiratorias, visuales, cutáneas, cerebrales, cardiacas y gastrointestinales. Fernando había logrado nacer con una talla de 38 cms. y 1.465 grs. (peso de un niño de 30 semanas, lo que fue considerado como un primer milagro por su mamá). Desarrolló una enterocolitis necrótica, que derivó en algunas intervenciones y en que estuviera más de 70 días en la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatología. A diferencia de la mayoría de los prematuros extremos, él no necesitó ventilación mecánica porque su mamá estuvo tres semanas hospitalizada antes del parto y le dieron corticoides que permitieron que los pulmones de Fernando alcanzaran a madurar. En esos meses, Gabriela iba a verlo todas las mañanas y tardes, le hacía cariño, le daba de su leche con una sonda, lo tranquilizaba.

Fernando logró salir adelante: “Estos niños tienen la característica de sobreponerse a todo. Por ejemplo, hoy, a sus siete años, él es maduro y se da cuenta de ciertas cosas, y lucha para lograr lo que sea necesario. Nunca baja los brazos. Es una virtud que le servirá en la vida, porque a él le han costado más las cosas”, afirma.

Al fin en la casa

“La Clínica Alemana se convirtió en mi segundo hogar. Todo iba saliendo bien y Fernandito estaba estable, así que 74 días después de nacer, me dijeron que se podía ir de alta. En ese momento, volví a caer. No me sentí capaz de cuidarlo de la misma manera, aunque no podía decirlo porque era la mamá. Ese miedo de que le pasara algo me acompañó hasta que tuvo un año y medio, aproximadamente”, cuenta.

Agrega que tuvo que aceptar que los prematuros se enferman y mucho, pero su hijo estuvo siempre vigilado médicamente gracias al Programa Prematuro Seguro de Clínica Alemana, el que está dirigido a menores de 32 semanas y/o menores de 1.500 gr. Al nacer y hasta los siete años de edad. Su objetivo es vigilar y favorecer el desarrollo del niño por medio de controles y exámenes especializados para detectar con anticipación y prevenir posibles problemas de salud. Entre los especialistas de este Programa están pediatras, oftalmólogos, otorrinolaringólogos, neurólogos, nutriólogos, broncopulmonares y fonoaudiólogos.

“Así, Fernando estaba súper cuidado, por lo que nos íbamos a dar cuenta de cualquier problema incluso quizás antes que con otros niños. Pero no hubo mayores complicaciones. Eso fue otro milagro”, asegura Gabriela.

Actualmente, su hijo tiene siete años, y a juicio de su mamá, es el niño más desordenado, trepa todo lo que encuentra, es bueno para el fútbol y le gusta jugar con sus autos y con su hermana.

Programa Prematuro Seguro
Teléfono: 2210 1103