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Asfixia por inmersión: Un final feliz gracias a una reanimación oportuna

Asfixia por inmersión: Un final feliz gracias a una reanimación oportuna

29/01/2014
1 min lectura

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Era el final de una tarde de noviembre de 2012. Antonella y Felipe estaban en la terraza de su casa en Pirque, frente a la piscina, conversando con unos amigos, cuando les avisaron que su hija de un año y dos meses de edad estaba “flotando en el agua”.

La pequeña Emma había pasado por una parte suelta de la reja de protección y se había caído a la piscina. Cuando su padre se lanzó a rescatarla, ya llevaba alrededor de dos minutos sumergida.

“La saqué rápidamente y le hice masaje cardiaco y respiración boca a boca. Después de cuatro o cinco intentos, ella reaccionó y comenzó a respirar con dificultad”, recuerda. Luego, la subieron al auto, la abrigaron e intentaron mantenerla despierta durante los 35 minutos que se demoraron en llegar a la Clínica Alemana. En el camino, ella vomitó dos veces agua.

“En el Servicio de Urgencia, nos pasaron directamente al sector de reanimación donde examinaron a Emma. Nos dijeron que estaba bien, que solo presentaba una leve hipotermia y no tenía ningún otro síntoma relacionado con la inmersión, como líquido en los pulmones o algún compromiso neurológico. La reanimación temprana le había salvado la vida”, cuenta Felipe.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la asfixia por inmersión o ahogamiento es la tercera causa de muerte por traumatismo no intencional en el mundo y sus principales víctimas son niños. Quienes logran sobrevivir tienen un alto riesgo de quedar con graves secuelas neurológicas permanentes, a menos que reciban a tiempo reanimación cardiopulmonar (RCP), como ocurrió en el caso de Emma, quien gracias a la temprana intervención de su padre, solo requirió dos días de hospitalización para recuperarse completamente y retomar su vida. “Hoy es una niña muy feliz, inquieta, despierta y juguetona”, asegura su madre.

La doctora Patricia Salinas, pediatra de Clínica Alemana que atendió a Emma luego del accidente, explica que el caso de esta pequeña es muy poco frecuente porque la mayoría de las veces, el niño recibe los primeros auxilios recién en el servicio de urgencia, cuando generalmente ya es tarde para salvarlo o prevenir secuelas.

Agrega que, considerando que el 80% de los casos de asfixia por inmersión se pueden prevenir, los esfuerzos deben dirigirse hacia una supervisión adecuada en el uso de piscinas, lo que se logra con educación y medidas de seguridad en el agua. “Además, los pediatras debemos apoyar en el aprendizaje y entrenamiento de reanimación cardiopulmonar (RCP)”, afirma.

Por eso, algunas de las principales conclusiones que sacan estos papás es que “no se puede perder de vista a los niños pequeños ni un segundo, y no hay que confiar en ninguna de las medidas de seguridad pasivas que existen. Siempre tiene que haber un adulto supervisando directamente la piscina y, si es posible, los niños deberían tomar lecciones de natación. “Tuvimos mucha suerte. Dentro de lo terrible que es esta historia, este es el final más feliz que podríamos contar”, concluye Antonella.