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Grasa : La  pesadilla  de  las  mujeres .

Grasa : La pesadilla de las mujeres .

24/11/2014
1 min lectura

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En general, cuando se analiza la composición corporal de hombres y mujeres, ellas tienen entre 6 y 11% más grasa, debido a su mayor capacidad para almacenarla aunque coman menos calorías.

 

Los estudios demuestran que una de las causas es que el estrógeno reduce la capacidad de la mujer para consumir energía después de comer, lo que da como resultado un mayor almacenamiento de grasas en el cuerpo. La razón principal de esto tiene que ver con los cambios que ella desarrolla para la maternidad, como preparación para la fertilidad, el desarrollo fetal y la lactancia”, asegura la doctora Jessica Ahuad, nutrióloga de Clínica Alemana.

En la mujer, lo habitual es que la grasa se acumule de dos maneras: como forma de pera o de manzana. En la primera, llamada ginecoide, la grasa se deposita principalmente en caderas, glúteos y muslos (grasa subcutánea), y en la segunda, conocida como forma androide, se deposita principalmente en el abdomen (grasa visceral), con la típica formación de un “rollo” en la cintura.

Quienes corresponden a este último caso, tienen circunferencias de cintura más elevadas y mayor probabilidad de desarrollar diabetes o enfermedades cardiovasculares, ya que es la acumulación de grasa visceral que aumenta este riesgo.

Asimismo, por un tema hormonal, la mujer tiende a acumular más grasa en la espalda (región subescapular), caderas, muslos y glúteos. Sin embargo, la forma en que la acumula está determinada por genética, factores hormonales y estilos de vida, entre otros.

 

¿Cómo disminuir la grasa?

“Sin duda, tener una alimentación saludable, un peso adecuado y realizar ejercicio físico regular, ayudan a mejorar nuestra composición corporal y bajar nuestro porcentaje de grasa. Pero no existe una dieta específica que haga este trabajo”, explica la especialista.

Además, aconseja seguir una alimentación basada en la dieta mediterránea, ya que ha demostrado prevenir enfermedades cardiovasculares y otras patologías crónicas. Esta se describe como:

  • Baja en grasas saturadas: de tipo animal presente en las carnes de cerdo, cordero, embutidos, lácteos enteros, etc.
  • Alta en grasas monoinsaturadas: palta, aceite de oliva y frutos secos.
  • Balanceada en el consumo de ácidos grasos (pescados).
  • Baja en proteína animal (carnes en general).
  • Rica en antioxidantes, favoreciendo el consumo de vitaminas y polifenoles presentes en frutas, verduras y vino tinto en cantidad moderada y sostenida.
  • Rica en hidratos de carbono complejos y fibra: alta en consumo de granos enteros, productos integrales y legumbres.

“Si logramos estructurar nuestra alimentación con esta base, realizando un buen fraccionamiento (evitando ayunos prolongados) junto con ejercicio regular, iremos trabajando en disminuir la grasa visceral y, por ende, el riesgo asociado”, concluye la doctora Ahuad.

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