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Padres sobreprotectores: cuando el cariño asfixia

Padres sobreprotectores: cuando el cariño asfixia

29/07/2014
2 min lectura

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“No vayas a ese lugar porque te puede pasar algo”, “mejor yo hago eso porque es peligroso”, “no puedes ir donde tu compañero a estudiar, prefiero que él venga para acá”. Estas son algunas de las frases típicas de los padres sobreprotectores, cuyas actitudes muchas veces pueden repercutir negativamente en los niños.


El doctor Juan Castillo, psiquiatra infantil de Clínica Alemana, explica que cuando los papás o quienes están a cargo de un menor exageran los cuidados que le entregan y prolongan más allá de lo conveniente el trato familiar infantil de dependencia, se habla de sobreprotección. Generalmente, esto se inicia en los primeros años de la infancia y se manifiesta en la actitud de tratar de resolver todos los problemas que los pequeños enfrentan y apartarlos de cualquier dificultad, tomando decisiones por ellos. Al mismo tiempo, mantienen la atención permanentemente en los niños y ceden a muchos de sus caprichos.

A la larga, este método de crianza puede traer más problemas que beneficios para el menor, de hecho se ha demostrado que puede afectar considerablemente el desarrollo psicológico y la autoestima de los hijos, situación que puede generarles dificultades para compartir con sus compañeros, respetar reglas, participar en dinámicas, entre otras.

“Cuando los papás se involucran demasiado en las actividades del niño y no los dejan actuar por sí mismos, esto dificulta el crecimiento personal del menor, disminuye su autonomía, les genera frustración e incapacidad para reconocer sus errores, entre otros problemas que pueden convertirlos en adultos inseguros, dependientes e incapaces de establecer buenas relaciones interpersonales. Un niño que ha crecido en un ambiente de excesiva atención y preocupación asfixiante, puede tener en la adultez graves problemas”, destaca.

Cómo criar niños autónomos y seguros
En la infancia, los cuidados de los padres son muy importantes y dependen de la edad del niño. El doctor Castillo explica que la familia es la primera escuela, donde se adquieren las estructuras necesarias para desarrollar aptitudes, actitudes y valores. Por eso es considerada como la instancia mediadora entre el ser humano y la sociedad. Gracias a esta interacción que se desarrolla en el núcleo familiar, los individuos se preparan para participar activa y funcionalmente en el ámbito social.

“La situación ideal durante la primera infancia es que los menores sientan que sus padres o cuidadores están para protegerlos. De este modo, crecen con confianza para aventurarse a explorar el mundo. Pero, poco a poco, hay que ir dándoles espacio, dejarles tomar sus propias decisiones y cometer sus errores, también deben equivocarse y sentirse frustrados o aburridos; eso es parte de las experiencias de la vida que les ayudarán a crecer y madurar emocional y psicológicamente”, explica el psiquiatra.

Está probado que las interacciones positivas, como las demostraciones de cariño, comprensión, comunicación, cuidado y atención adecuada por parte de los padres o personas que rodean al niño, hacen que este se sienta valorado y generan en él sentimientos de bienestar, lo que permite el desarrollo de su seguridad y confianza.

“La función de los papás es cada vez más estudiada como determinante en el desarrollo infantil. Es muy importante que ellos no olviden que son los primeros responsables en la educación de sus hijos y que, por esto, necesitan reflexionar sobre sus pautas formativas”, concluye.