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Tolerancia a la frustración: la importancia de inculcarla desde la infancia

Tolerancia a la frustración: la importancia de inculcarla desde la infancia

03/07/2014
2 min lectura

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Luego del dramático partido de fútbol vivido por Chile con Brasil, el sentimiento de frustración fue algo que no solo experimentaron los adultos, sino que muchos niños incluso lloraron y demostraron estar afectados dado el colectivo de sentimientos en el ambiente.


El doctor Alfonso Correa, jefe de la Unidad de Psiquiatría Infantil de Clínica Alemana, explica que como padres es muy importante tener en cuenta la tolerancia a la frustración en las distintas etapas de la crianza, ya que los niños desde que nacen enfrentan este tipo de sentimientos. La clave está en enfrentar y asumir las diferentes situaciones de frustración y ser sinceros con las emociones que se experimentan, “siendo capaces de visualizarlas tanto en uno mismo como en los hijos”.

Enseñarles a tolerar la frustración cuando pequeños contribuye a que cuando sean adultos les cueste menos enfrentar distintas dificultades que son parte de la vida, a diferencia de quienes no han desarrollado suficientes recursos psicológicos para procesar los obstáculos que se le van presentando. Por lo general, esta conducta se puede observar en individuos que tienen una personalidad inmadura, que son dependientes, ansiosos, inseguros o muy rígidos.

El especialista agrega que no se trata de generar situaciones frustrantes para que los hijos saquen enseñanzas, sino que basta con estar atentos a cuando estén expuestos a vivencias de este tipo, que se dan repetidas veces en lo cotidiano. A partir de estas experiencias y de cómo se enfrenten, los niños podrán identificar sus propias emociones y aprenderán también de las reacciones de los adultos.

“El ejemplo de los padres es de vital importancia, así como la actitud que los hijos vieron en los jugadores de la selección, es decir, haberlos percibido contentos por el esfuerzo y el trabajo en equipo, les ayuda a entender que no se acaba el mundo por no haber cumplido una meta. Que a pesar de ser eliminado de un mundial, aunque te hayas preparado por años, incluso, si es tu meta en la vida, no por el hecho de no lograrla es el fin. Tengo que ser capaz de valorar el esfuerzo realizado y eso los hijos lo ven en lo cotidiano con los papás cuando sienten que se les aprecia a pesar de sus limitaciones, más que por ciertas cualidades o logros, como personas. Con eso les estamos enseñando a tolerar a la frustración”, enfatiza.

El doctor Correa sostiene que el problema actual es que la sociedad es muy exitista y sobrevalora los logros y, en este sentido, el rol de la familia es fundamental para que le dé relevancia al proceso más que al resultado. Valorar el camino recorrido, disfrutar con los pequeños avances y con lo vivido en el presente y no condicionarlo a la meta “por lograr”.

A esto se suma que, en la actualidad, se tiende a negar y eliminar el sufrimiento como parte intrínseca del concepto de felicidad. “Se suelen asociar los sentimientos de pena con algo negativo, sin considerar que esas emociones sirven para la vida y son constructivas en la medida en que se aceptan, reconocen y encausan positivamente”, recalca.

El especialista dice que “la clave es hacer sentir a los niños competentes y capaces de mucho, ya que a veces nos ponemos más limitaciones de las que realmente tenemos y no logramos identificar nuestras potencialidades. Los puntos débiles hay que aceptarlos, pero luego se debe sentir que, a pesar de eso, estoy capacitado para avanzar hacia lo que me propongo, poniendo en la balanza que si no lo consigo, no me voy a desmoralizar, ya que puse empeño, es decir, valorar el proceso y no solo el resultado. Es más, la evidencia empírica demuestra que proponerse algo, estar con la mente puesta en eso y sentir que se puede, ayuda a conseguir lo que se persigue, entrando en sintonía nuestra mente con nuestro cuerpo y alma”.