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La delgada línea entre normalidad y riesgo en el embarazo

Trastornos del sueño:

La delgada línea entre normalidad y riesgo en el embarazo

19/04/2018
2 min lectura

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Más del 70% de las embarazadas sufre algún trastorno del sueño. Si bien son habituales durante la gestación, las alteraciones del buen dormir pueden obedecer a problemas importantes que requieren la máxima atención, por cuanto este es un factor esencial para una óptima salud de la mujer, el desarrollo fetal y, finalmente, el paso a una maternidad sana.

Las dificultades del sueño se observan desde el inicio del ciclo, con una frecuencia creciente y características distintas en el tiempo: mientras en los tres primeros meses predominan la fatiga, somnolencia diurna excesiva, náuseas, vómitos y ansiedad –donde inciden más los procesos hormonales y el estado nutricional previo, a los que se suman factores emocionales, familiares y sociales–, hacia el final del tercer trimestre los síntomas principales son la incomodidad nocturna por irritabilidad uterina, movimientos fetales, reflujo y ronquido. En estos últimos, inciden más los cambios anatómicos y de peso que alteran la morfología de la vía aérea y mecánica respiratoria.

¿Cuándo las dificultades en el sueño dejan de ser una consecuencia esperable del embarazo para representar un riesgo que exige la máxima atención? “Existe una importante evidencia de que la calidad del sueño y la respiración de la madre influyen directamente en su bienestar y en el desarrollo del feto, aumentando el riesgo de preeclampsia, parto prolongado, peor resultado obstétrico y recién nacidos pequeños para la edad gestacional. Esto es así de relevante, y por eso es necesario investigar los factores que provocan un mal dormir”, señala la doctora Victoria Mery, neuróloga del Centro de Trastornos del Sueño de Clínica Alemana de Santiago.

Entre las señales que deberían motivar una consulta, la especialista destaca las fallas de memoria, alta irritabilidad o la incapacidad de cumplir con las actividades habituales, junto a síntomas asociados a un descanso deficiente como los ronquidos, sensación de boca seca, reflujo o cefaleas al despertar. Asimismo, indica que si los controles obstétricos arrojan que el feto no está subiendo adecuadamente de peso, una de las causas puede ser un trastorno de sueño de la madre, ya sea por disfunciones nuevas o la exacerbación de alguna preexistente.

Las enfermedades principales

Entre la gama de causas que afectan la calidad del sueño durante el embarazo, existen tres cuadros más prevalentes. El primero de ellos es el insomnio –presente hasta en el 80% de las futuras madres, al menos, un par de noches a la semana–, que es multifactorial y gatillado por cambios fisiológicos como la hiperémesis gravídica (náuseas y vómitos); hormonales, con consecuencias como una mayor sensibilidad mamaria, dolor articular y necesidad de orinar frecuentemente, que dificultan dormir en la posición habitual. A esto se suman causas que van desde el movimiento del feto, a estados de ansiedad relacionados a la gestación o al parto.

Otro cuadro relevante son los calambres (que presentan un 20% de las embarazadas en el primer trimestre y un 75% durante el tercero) y el síndrome de piernas inquietas, cuya frecuencia es tres veces mayor que en la población general y está asociado al déficit de hierro y folatos.

Por último, uno de los problemas más graves para el descanso nocturno son las alteraciones de la respiración, en un espectro que va desde el ronquido hasta la apnea obstructiva del sueño grave e hipoventilación. Si bien roncar es frecuente en el embarazo, puede tener un trasfondo más complejo para la salud del niño por nacer, escenario que empeora en presencia de apnea que afecta al 10% de todas las embarazadas. “Limita el flujo de aire provocando que la placenta y el feto no se oxigenen bien, lo cual se ha descrito como un elemento que aumenta el riesgo de un menor peso para la edad gestacional y de parto prematuro”, advierte la doctora Mery, quien agrega que entre las consecuencias para la propia embarazada está la mayor probabilidad de desarrollar hipertensión, diabetes gestacional o complicaciones que requieran una cesárea.

Dado que muchas embarazadas con problemas de sueño no consultan debido a su deseo de evitar tratamientos farmacológicos, la especialista destaca la importancia de acceder a una buena información con recomendaciones para un buen dormir, o la llamada higiene de sueño, y tener presente “la importancia de consultar a tiempo y planificar en conjunto la terapia, dado que en muchos casos no implica el uso de medicamentos”.

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