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Todos los padres debiesen manejar técnicas de reanimación

Todos los padres debiesen manejar técnicas de reanimación

03/12/2018
3 min lectura

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¡Llamen a una ambulancia! Fue el grito desgarrador de Claudia cuando vio a su hijo en la piscina flotando boca abajo. “Estaba morado, su carita, sus brazos, todo su cuerpo y le salía un líquido blanco por la boca. No reaccionaba, pensé que estaba muerto”, así describe Claudia Weiss el momento en que, estando en un asado familiar, se dio cuenta que su hijo había caído a la piscina. Cuando se acercó para sacarlo del agua, vio que estaba completamente inconsciente.

Un vecino los ayudó y en su auto partieron rápidamente a Clínica Alemana de La Dehesa, mientras se comunicaban telefónicamente con el Servicio de Urgencia para dar aviso de que iban en camino. Al llegar, estaba todo dispuesto para darle a Mateo atención médica de manera inmediata. “Recuerdo que era un grupo de más de diez especialistas quienes estaban en el acceso esperándonos. Lo ingresaron rápidamente mientras dos enfermeras me contenían. Estaba desgarrada, superada y mi mente no lograba procesar lo que ocurría”, recuerda Claudia.

Lo primero que hizo el equipo médico fue intubarlo para continuar la reanimación, recuperarlo del paro cardiorrespiratorio e inducir un coma, con el fin de evitar daños mayores. Una vez estabilizado fue trasladado por el Equipo de Rescate a la Clínica Alemana de Vitacura. En el transcurso sufrió otro paro que el equipo médico logró controlar.

La doctora Isabel González, jefa de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos de Clínica Alemana, recuerda el estado en que recibió a Mateo, “venía intubado con muy baja saturación de oxígeno que al no lograr revertir lo traspasamos a uno de alta frecuencia. Tenía un compromiso multisistémico debido a la severa hipoxia a la que estuvo sometido”.

Parte del manejo incluyó un riguroso control de la temperatura para mantenerla en rango normal, uso de antibióticos y de drogas vasoactivas. También estudio de imágenes que arrojó tres infartos cerebrales en distintas locaciones.

Confianza y espera

“Como padres ya no teníamos nada más que hacer. Entregué mi hijo a los especialistas”, explica Claudia. “Mi cuñado de profesión médico y jefe de pediatría en un centro argentino viajó para apoyarnos y evaluar el estado de salud de Mateo. Quedó impactado por la tecnología y nivel de atención de Clínica Alemana. Definitivamente, teníamos a nuestra disposición un equipo médico y tecnológico de primer nivel”, recalca.
En todo momento los padres eran informados del estado de salud de su hijo. “Podíamos estar con él cada una hora, pero pocos minutos para evitar posibles infecciones”, recuerda. Al quinto día y al controlarse la fiebre se le realizó una intervención quirúrgica para introducir una sonda en el intestino que lo ayudaría a alimentarse. Había que seguir confiando y esperar que Mateo saliese adelante.

Recuperación y alta médica

Al décimo día de hospitalización comenzó el retiro de los medicamentos que provocan el coma inducido. Se trata de un momento clave ya que recién ahí, se pueden evidenciar los daños sufridos producto del ahogo por inmersión. Con el transcurso de las horas, Mateo comenzó a moverse y a tener pequeñas reacciones. “Me dijo mamá y siguió durmiendo. No daba más de felicidad”, comenta Claudia. Al día siguiente despertó completamente “a medida que iba mostrando mejoría se le iban retirando los aparatos y medicamentos que apoyaban su recuperación, la que fue muy rápida.

Cuando fue capaz de respirar y comer solo se le transfirió a la Unidad de Cuidados Intermedios”, explica la doctora González. Posteriormente comenzó el proceso de terapia motriz. “Perdía el equilibrio al sentarse y no podía caminar, pero las terapeutas y kinesiólogos a través de juegos y estímulos lograron que recuperara la firmeza en su musculatura”, señala la mamá. Mateo, no tenía ningún signo clínico de falla en los órganos ni a nivel neuronal.

Días previos al alta médica la familia y todos quienes compartían directamente con Mateo realizaron el curso de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) de la Clínica. “Las enfermeras traían un muñeco y nos enseñaban uno por uno la técnica. Todas los padres, haya o no piscina en la casa, deberían realizarlo”, sugiere la mamá. Al respecto la doctora señala “que la oxigenación realizada por el padre camino a Urgencia fue un factor clave al momento de atenderlo.

Pasados los quince días, Mateo se trasladó a una habitación. Compartía con sus hermanas, familiares y amigos mostrando signos claros de estar completamente sano y en condiciones de ser dado de alta “solo le recetaron un medicamento anticonvulsivo y consulta pediátrica y neurológica una vez al mes durante un año”, detalla Claudia. Llenos de peluches, flores, recuerdos y buenos deseos de todo el equipo médico y administrativo se fueron a casa al día siguiente. Hoy, Mateo es el primero de sus hermanos en tirarse a la piscina para capear el calor.