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Las consecuencias de las fracturas de columna

Las consecuencias de las fracturas de columna

08/01/2020
4 min lectura

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La columna vertebral está formada por 33 vértebras, huesos que van desde la base del cráneo hasta la cintura. Se dividen en cinco grupos: 7 cervicales (cuello), 12 dorsales o torácicas (parte superior de la espalda), 5 lumbares (parte inferior de la espalda), 5 sacras (pelvis) y 4 coccígeas (pelvis). Estas dos últimas se fusionan formando un solo hueso.

La cadena de vértebras sirve como principal soporte del cuerpo, permite el movimiento y protege a la médula espinal, cordón formado por nervios que llevan los mensajes del cerebro al resto del cuerpo y viceversa.

Lesiones traumáticas de la médula espinal

Son el resultado de un traumatismo a la columna vertebral producido cuando una zona de ésta se dobla o comprime más de lo normal o de forma brusca, lo que provoca la fractura de un hueso o desgarro de ligamentos.

Las áreas más frecuentemente dañadas son la cervical y la dorsolumbar. Entre las causas traumáticas pueden estar las lesiones deportivas, caídas, disparos, puñaladas y accidentes de tránsito, que son los que producen la mitad de las fracturas de columna.

"Esto puede llevar a un desplazamiento de la columna que, al comprimir la médula, produce contusión, hemorragia o desgarro. Este daño puede afectar las fibras nerviosas que mandan y reciben mensajes desde el cerebro a todos los sistemas del cuerpo que controlan la sensibilidad, los movimientos y las funciones de los órganos por debajo del nivel dañado", dice el doctor Carlos Thibaut, traumatólogo de Clínica Alemana.

Estas lesiones suelen ser una causa frecuente de muerte o discapacidad permanente, ya que cualquier daño a la médula espinal es grave y complejo. En algunos casos puede producir algo simple como sensación de entumecimiento y hormigueo. Sin embargo, cuando es más grave, sólo los nervios por arriba del nivel de la lesión continúan funcionando normalmente. Por debajo, se produce parálisis y pérdida de la sensibilidad.

La cirugía es una opción a seguir cuando se necesita corregir la fractura, facilitar la movilidad o evitar más complicaciones.

Consecuencias

Las lesiones de la médula producen disminución o ausencia de movilidad, sensibilidad y disfunción de los órganos del cuerpo por debajo del nivel de la lesión (como la vejiga, los intestinos y la función sexual).

Mientras más alta la zona lesionada, mayor es la pérdida de las funciones.

Los músculos se evaluarán de acuerdo a la posibilidad de contracción, movimiento y resistencia; mientras que la sensibilidad será según la reacción al tacto y al dolor. También deberá hacerse un examen rectal para verificar las funciones motora y sensitiva anal.

Hay dos categorías con las que se pueden clasificar las lesiones de acuerdo al lugar lesionado y al tipo de pérdida de movimiento y sensibilidad. Estas son:

Tetraplejia (Tetra: cuatro)

Las cuatro extremidades, el tronco y los órganos pelvianos quedan comprometidos o con pérdida motora y/o sensitiva. Se produce por una lesión en el área cervical. Además, de ser afectados los músculos del pecho, los pacientes podrían necesitar un respirador artificial.

Paraplejia (Para: dos)

Parálisis de las extremidades inferiores. Es decir, pueden resultar afectados los segmentos torácico, lumbar o sacro, incluyendo la zona pélvica. Suele producirse por daño desde las vértebras dorsales hacia abajo.

Si las funciones sensitiva y motora a nivel sacro resultan ilesas, la lesión es clasificada como incompleta, lo que implica que hay función neurológica en algunos tractos espinales mientras que en otros no. Además, existe la posibilidad de recuperación. Sin embargo, si la zona sacra es afectada, se trata de una lesión completa que, de no recuperarse en 48 horas, será muy difícil una mejoría.

Lo que se consiga depende del nivel y grado de la lesión, del estado del paciente y del apoyo que reciba para salir adelante.

Si la lesión es en la zona cervical, la persona queda tetrapléjica. Y si se dañaron los primeros segmentos cervicales, podría morir por la incapacidad de respirar. Mientras que otros podrían ser dependientes para todo (incluyendo un ventilador mecánico) o tener cierto control de partes del brazo -ya sea sólo del hombro o hasta las muñecas-, lo que le permitiría sostener cosas y así, alimentarse, asearse, manejar una silla de ruedas y hasta un auto adaptado a sus necesidades.

Si la parte superior del tórax es la afectada, el paciente sufrirá paraplejia y tendrá que estar en silla de ruedas, pero podrá autocuidarse e incluso, trabajar. Mientras que si se dañan las vértebras torácicas inferiores, podrá controlar el tronco y hacer actividades deportivas.

Cuando es lesionada el área lumbar, también se produce paraplejia, pero la persona puede caminar distancias cortas de manera independiente con la ayuda de aparatos ortopédicos.

Efectos secundarios

Aunque quedan con parálisis, muchas personas todavía tienen cierta sensación táctil en las partes paralizadas. Además, se puede observar dolor y espasmos, movimientos involuntarios que no significan recuperación y que ocurren por un mensaje equivocado desde un nervio que produce el movimiento de un músculo.

Además, podría verse afectada la musculatura respiratoria, de los intestinos y vejiga, que dejan de trabajar como antes. Los hombres también pueden ver comprometida su función sexual.

 

Rehabilitación

La rehabilitación busca recuperar el máximo nivel posible de funcionalidad e independencia y mejorar la calidad de vida. Se enfoca en restaurar, sustituir o cambiar funciones; evitar el desgaste y las contracturas de los músculos, y en enseñar al paciente a utilizar otros que le sirvan para moverse.

Este proceso es una combinación de terapia física, ocupacional y del lenguaje para que los pacientes vuelvan a recuperar la mayor cantidad de funciones.

El tratamiento que recibe cada paciente depende de su edad, estado de salud y nivel de la lesión. Ayudan también los corticoides (remedios que disminuyen la inflamación), un respirador cuando sea necesario, sondas de alimentación y urinaria, y ejercicios cuando sea posible.

Los ejercicios físicos buscan fortalecer los músculos activos. Por ejemplo, los de la respiración y del tren superior (hombros y brazos) permiten el traslado en silla de ruedas.

También se trabaja con orientación psicológica para evitar una depresión. Asimismo, el deporte supone un triunfo sobre las incapacidades físicas y el desánimo del paciente, "porque además de las ventajas propias de esta actividad, permite la reintegración a la sociedad, el mejoramiento de la autoestima, evitando las complicaciones de la discapacidad. También otorga sentido de pertenencia", asegura la doctora Loreto Díaz, fisiatra de Clínica Alemana.

Prácticamente todos los discapacitados pueden realizar deportes gracias a las prótesis y tecnologías existentes en la actualidad.