Violencia en el pololeo: ¿cómo formar relaciones sanas de pareja?

Violencia en el pololeo: ¿cómo formar relaciones sanas de pareja?

18/06/2020
2 min lectura

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El pololeo entre adolescentes puede tener problemas como cualquier relación íntima. El cómo los jóvenes enfrentan estas situaciones definirá la manera en que van a ir desarrollando una mayor intimidad y confianza en el otro.

“Algunos códigos entre ellos que pueden ir profundizando mayormente su nivel de intimidad, y sin duda, los pueden ayudar a futuro a manejar ciertas situaciones de conflicto y su capacidad de ser más asertivos”, señala la doctora Mariana Labbé, psiquiatra infantojuvenil del Centro de Adolescencia de Clínica Alemana.

En esta misma línea la especialista explica que es probable que siendo más jóvenes las personas tengan una resolución de conflicto de pareja menos asertiva y, en algunos casos, pueden ser más pasivos o levemente agresivos.

Entonces es muy importante cómo el otro va poniendo ciertos límites. “Es fundamental que en una relación de pareja entre adolescentes el uno al otro se vean como sujetos y no como objetos de posesión”, detalla la psiquiatra. Y agrega: “Algunos adolescentes confunden la relación con una propiedad y eso empieza a generar conflictos que claramente pueden generar relaciones violentas”.

Conductas a las que hay que poner atención

Es importante que los jóvenes tengan claridad sobre ciertas situaciones o conductas que pueden generar una escala de violencia psicológica, física o sexual dentro de la relación.

“Por ejemplo, uno le puede pedir al otro que no se junte con tal persona o que elimine a un amigo de Whatsapp o de redes sociales. Eso ya es violencia y los jóvenes deberían aprender a identificarla para poner límite”, detalla la doctora.

En este tipo de situaciones una de las personas de la pareja está ejerciendo control sobre la otra, lo que conlleva a mayor aislamiento y menos probabilidades de pedir ayuda a una red de apoyo.

“Finalmente se normaliza el control y este tipo de amor, y se forman relaciones tóxicas que normalmente tienen el ciclo de la luna de miel, que se describe en las relaciones de pareja de violencia intrafamiliar. Pueden pasar por momentos en que se está muy bien y luego entran en conflicto”, advierte.

Se trata de un ciclo que cada vez se va haciendo más complejo donde las conductas de violencia son crecientemente más graves y frecuentes, para luego pasar nuevamente al estado de luna de miel.

“En una relación íntima es normal que haya un 20% de conflicto, pero el 80% tiene que estar bien. Si ya está siendo más de un 20% de conflicto o esos conflictos vulneran los derechos del otro, no está bien”, enfatiza la especialista.

Es muy importante que los papás estén atentos a cambios de conductas de sus hijos en esta etapa en que no siempre cuentan sus problemas a los mayores. Es fundamental actuar a tiempo y, en caso de ser necesario, pedir ayuda a un especialista.

¿Quiénes se pueden ver más afectados?

Cómo un adolescente es capaz de enfrentar estos conflictos depende mucho de la madurez del joven, de su inteligencia emocional, de cómo resuelve conflictos, de la red de apoyo que tiene y de cómo busca ayuda.

La doctora Labbé también menciona que hay adolescentes más vulnerables “que pueden verse afectados por las redes sociales, las series, las teleseries, y pensar que el conflicto es parte de la relación. A veces pueden desear esa adrenalina y pasión”.

También están aquellos que se ponen en una situación de objeto y no de sujeto para sentir cariño. Un ambiente que podría facilitar esta dinámica es el de las relaciones casuales, que no están dentro de un pololeo. Aquí puede no haber el cuidado que se da en una relación íntima, de ir paso a paso, entender cómo se siente el otro y modular las angustias que puede sentir la otra persona.

“Entonces chicos y chicas pueden querer explorar una relación más íntima casual solo por sentir esa adrenalina y no se dan cuenta de que son sujetos de emociones. Pueden sentirse pasados a llevar cuando no tienen todas las herramientas emocionales para cuidarse y poner los límites”, concluye la doctora.