En más de una ocasión debes haber oído hablar de las estatinas, incluso sin darte cuenta. Se trata de un grupo de fármacos que suele utilizarse para frenar la producción interna de colesterol. Se ha demostrado, además, que tienen efectos adicionales antiinflamatorios y antitrombóticos a nivel de las arterias del cerebro y el corazón.
Está demostrado que todas las estatinas reducen los accidentes cerebrovasculares (AVE) e infartos agudos al miocardio (IAM) tanto en prevención primaria, es decir, en aquellas personas que nunca han tenido eventos de este tipo, como también en prevención secundaria o a pacientes que sí los han sufrido.
El organismo necesita colesterol para funcionar correctamente, sin embargo, al diagnosticarse en altos niveles, lo mejor es consultar a un especialista. En general, se recomendará dieta a pacientes sin riesgo cardiovascular con niveles de colesterol levemente altos, y los fármacos se recetarán en los siguientes contextos:

Todas las estatinas reducen el colesterol, aunque su intensidad es variable. La Atorvastatina y la Rosuvastatina son las más potentes, mientras que la Simvastatina, la Pitavastatina, la Lovastatina y la Pravastatina son de menor intensidad. En general, se trata de fármacos muy seguros y muy bien tolerados, aunque un porcentaje bajo de pacientes puede presentar efectos adversos, principalmente síntomas musculares como:
A pesar de que los estudios clínicos muestran una baja tasa de efectos adversos, en la práctica es habitual encontrar pacientes con algunas molestias. Por eso, se recomienda confirmar que estos sean derivados del fármaco y no por otras causas.
En caso de que exista una intolerancia real a estos fármacos, hay que suspenderlos y probar con otros que también sirven para reducir el colesterol.
Consultar a tu médico frente a cualquier molestia es importantísimo y, por supuesto, también está en tus manos reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares e infartos a través de simples pasos que puedes incorporar en tu rutina diaria: