La viudez en las personas mayores es una de las experiencias que más impactan la salud emocional, sobre todo a nivel familiar.
La pareja suele ser compañía, apoyo emocional y práctico y, muchas veces, quien ayuda a sostener hábitos de salud. Cuando esa figura desaparece, los efectos pueden ser profundos.
Otras veces, quien queda viudo o viuda era el cuidador principal de quien fallece y puede dejarle una sensación de vacío, otras veces de alivio y también de culpa.
El duelo muchas veces implica cambios en la red de apoyo, en el autocuidado y en la forma de relacionarse con el mundo, en este artículo de ayudaremos a comprender mejor este proceso y qué puedes hacer para ayudar a alguien o a ti mismo.
Diversos estudios muestran que la viudez aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y sensación de aislamiento, especialmente durante los primeros meses o el primer año después de la pérdida.
En nuestro país, se estima que alrededor de un 30% de las personas mayores presenta síntomas depresivos leves, y un número relevante declara sentirse solo con frecuencia.
Esto no significa que todos quienes enviudan desarrollarán depresión, pero el duelo en esta etapa necesita mirarse con atención, especialmente cuando aparece el sentirse solo de forma persistente.
El duelo es un proceso natural con momentos de tristeza, nostalgia y desorganización emocional y alteración de la vida cotidiana. No todos son iguales, y hay señales que pueden indicar que el impacto está siendo mayor y que sería bueno pedir ayuda profesional, en particular si el proceso se prolonga y se hace incapacitante.
Puede ser momento de consultar a un geriatra si se prolongan síntomas como:
Dejar de interesarse en actividades que antes disfrutaba.
Aislarse de familia, amistades o espacios sociales.
Dormir demasiado o tener insomnio constante.
Perder el apetito o comer mucho menos.
Sentir desesperanza o culpa permanente.
Descuidar tratamientos médicos.
Desde nuestro equipo de geriatría, el enfoque en el duelo prolongado no es solo emocional. Nos aseguramos de evaluar cambios físicos, funcionales y sociales que pueden aparecer después de la pérdida.
Algunos ejemplos pueden ser:
Cambios en alimentación y en hábitos como el consumo de alcohol.
Desorganización en medicamentos.
Disminución de actividad física y de la capacidad funcional.
Aumento del aislamiento social.
Si tú o alguien cercano está viviendo un momento difícil y notas cambios importantes en el ánimo, en su motivación o en la conexión con otros, consultar a uno de nuestros especialistas puede ser un primer paso para volver a sentirse acompañado. Puedes reservar una hora de Telemedicina o presencial, para recibir orientación, evaluación y acompañamiento desde cualquier lugar.