Contar con un diagnóstico de epilepsia no se limita a manejar las crisis cuando ocurren, es una condición neurológica crónica que acompaña la vida diaria y que puede influir en el descanso, el trabajo, las relaciones sociales y el bienestar emocional.
Por eso, el autocuidado cumple un rol esencial para ayudar a reducir riesgos y prevenir descompensaciones.
Generalmente se asocia esta patología a las crisis epilépticas convulsivas, pero existen distintos tipos de crisis, algunas de las cuales suelen pasar desapercibidas por tener manifestaciones clínicas sutiles. Múltiples factores pueden contribuir a aumentar o disminuir el riesgo de crisis, algunos de ellos son:
Cuando quien tiene este diagnóstico comprende su condición y participa activamente en su bienestar diario, el control de las crisis suele ser más estable. Este autocuidado no implica que debes hacerlo todo solo, sino aprender a reconocer señales tempranas, identificar factores que pueden gatillar una crisis y apoyarse a tiempo en el equipo de salud.
El autocuidado se construye a partir de decisiones simples, pero constantes. A continuación, te compartimos algunas recomendaciones.
Tomar los medicamentos anticrisis en los horarios y dosis indicadas.
Realizar el tratamiento y controles médicos.
Usar dentro de lo posible un pastillero semanal para evitar olvidos.
Evitar suspender o modificar el tratamiento sin indicación médica.
Evitar tomar medicamentos sin indicación médica, ya que ciertos fármacos pueden aumentar el riesgo de crisis.
Registrar las crisis, anotando fecha, duración y posibles desencadenantes.
Es importante que tengas presente que la adherencia al tratamiento para la epilepsia es uno de los factores más importantes para prevenir descompensaciones.
Mantener horarios de sueño regulares y un descanso suficiente.
Reducir trasnoches y .en caso de hacerlo, recuperar el sueño perdido.
Identificar situaciones de estrés prolongado y buscar estrategias para manejarlo.
Incorporar actividad física moderada y técnicas de relajación.
Dormir poco o vivir periodos de alta tensión emocional, puede aumentar la frecuencia de crisis en algunas personas.
Realizar ejercicio de forma regular, evitando actividades de alto riesgo sin supervisión.
Evitar el consumo de alcohol y drogas recreativas, ya que pueden ser gatillantes de crisis epilépticas.
Informar el diagnóstico a profesionales de salud que te atiendan otras condiciones.
Planificar viajes, celebraciones o actividades exigentes considerando los tiempos de descanso.
Estas medidas no buscan limitar la vida cotidiana, sino hacerla más segura y predecible.
Mantener la calma y proteger la cabeza de quien tiene la convulsión.
Colocar a la persona de lado, en el suelo, despejando objetos cercanos.
No introducir objetos en la boca ni intentar sujetarla con fuerza.
Esperar a que la crisis termine y acompañar durante la recuperación.
Llevar al paciente a un servicio de urgencia si la crisis dura más de 5 minutos, se repite sin recuperación o es la primera vez. También si ha sufrido golpes fuertes a consecuencia de la crisis o si está embarazada.
Si tienes un diagnóstico de epilepsia o acompañas a alguien que vive con esta condición, y observas cambios en la frecuencia de crisis, efectos adversos del tratamiento o dificultades para manejar la rutina diaria, es importante consultar oportunamente. Nuestro equipo de neurólogos especialistas en epilepsia te puede acompañar en este proceso con una mirada integral, enfocada en la prevención, el autocuidado y la educación, adaptando las indicaciones a las necesidades de cada persona.