El accidente cerebrovascular, también conocido como ACV, sigue siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad en el continente americano. Aunque los avances médicos han mejorado el diagnóstico y el tratamiento durante las últimas décadas, una reciente publicación científica advierte que esta enfermedad sigue siendo un desafío urgente para los sistemas de salud y la población.
Esta publicación fue divulgada en The Lancet Regional Health – Americas y forma parte de una serie sobre ACV que reunió evidencia proveniente de diversos estudios científicos, sistemas de vigilancia epidemiológica y datos del proyecto Global Burden of Disease (GBD).
En este trabajo participaron especialistas de distintos países, entre ellos profesionales de nuestra clínica. En este artículo te contamos quiénes son y cuáles fueron los principales hallazgos de esta investigación.
El trabajo contó con una relevante participación de investigadores chilenos, entre ellos:
La doctora Verónica Olavarría, jefa del Departamento de Neurología y Salud Mental de Clínica Alemana.
La doctora Paula Muñoz-Venturelli, neuróloga de nuestra clínica y directora del Centro de estudios Clínicos, ICIM de la Facultad de Medicina Clínica Alemana-Universidad del Desarrollo.
El doctor Víctor Navia, también neurólogo de Clínica Alemana y jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Padre Hurtado.
El doctor Pablo Lavados, jefe de la Unidad de Investigación y Ensayos Clínicos de nuestra institución y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad del Desarrollo, quien tuvo un rol central de liderazgo en la concepción y diseño de la publicación.
Los datos analizados por los investigadores muestran una realidad preocupante. Solo durante 2023 se registraron aproximadamente 1,2 millones de nuevos casos de ACV en las Américas, mientras que 15,7 millones de personas vivían con antecedentes de esta enfermedad o con sus secuelas.
Además, durante el 2021 el ACV fue responsable de cerca de 500 mil muertes en la región. Más de la mitad de ellas correspondieron a accidentes cerebrovasculares isquémicos, producidos por la obstrucción del flujo sanguíneo al cerebro, mientras que el resto se relacionó con distintos tipos de hemorragias cerebrales.
Tradicionalmente, el ACV se ha asociado a personas mayores. Sin embargo, el estudio muestra que esta percepción ya no refleja completamente la realidad.
Los investigadores observaron un incremento en la incidencia de ACV en adultos jóvenes de América Latina y el Caribe. El fenómeno resulta particularmente llamativo en mujeres menores de 55 años, donde el aumento sería casi el doble que en los hombres de la misma edad. La tendencia es aún más evidente en menores de 45 años y sus causas siguen siendo objeto de investigación.
Uno de los mensajes más importantes de la publicación es que más del 75% de la carga del ACV en las Américas está asociada a factores de riesgo modificables o prevenibles. En otras palabras, una parte significativa de estos eventos podría evitarse mediante acciones de prevención y control oportuno.
En América Latina y el Caribe, la presión arterial elevada aparece como el principal factor de riesgo, asociándose a más de la mitad de la carga total de la enfermedad. No obstante, hay otros factores identificados, tales como:
Factores metabólicos
Colesterol elevado.
Sobrepeso y obesidad.
Enfermedad renal.
Factores relacionados con el estilo de vida
Alimentación poco saludable.
Factores ambientales
Contaminación atmosférica.
Exposición al plomo.
Temperaturas extremas o no óptimas.
Factores menos conocidos
Enfermedad periodontal o mala salud oral.
Enfermedad de Chagas y otras infecciones.
Este estudio también coloca la atención en las desigualdades que existen entre distintos países y sistemas de salud.
Los autores observaron que América Latina y el Caribe presentan una mayor incidencia de ACV, pero una menor prevalencia respecto de Norteamérica de altos ingresos. Esta diferencia podría reflejar barreras en el acceso a tratamientos oportunos, mayores tasas de mortalidad y menores oportunidades de rehabilitación después de un evento cerebrovascular.
Ejemplos concretos son el acceso a hospitales certificados como centros esenciales o avanzados en manejo de ACV, unidades especializadas en el tratamiento de los ACV (UTACs), trombolisis intravenosa y trombectomía mecánica, este último uno de los tratamientos más efectivos para ciertos tipos de ACV. Según la publicación, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe menos del 10% de los pacientes que podrían beneficiarse de este procedimiento logran acceder a él, una cifra considerablemente inferior a la observada en Estados Unidos y Canadá.
Estos resultados refuerzan la importancia de fortalecer la atención especializada, mejorar la infraestructura sanitaria y reducir las inequidades en el acceso a tratamientos de alta complejidad.
Las proyecciones incluidas en la revisión son claras: si las tendencias actuales de los factores de riesgo continúan sin cambios, la incidencia global de ACV podría aumentar hasta un 81% hacia el año 2050. En las Américas, el crecimiento y envejecimiento de la población podrían traducirse en un aumento de 67% en las muertes por ACV y de 41% en los años de vida afectados por discapacidad.
Frente a este escenario, la investigación científica cumple un rol fundamental para comprender quiénes están en mayor riesgo, cuáles son los factores que pueden prevenirse y dónde existen brechas en el acceso a la atención, y así diseñar estrategias más efectivas para proteger la salud de las personas.
Nos enorgullece promover y apoyar la labor clínica, académica y de investigación de nuestros especialistas. A través de iniciativas como ésta, el equipo de profesionales contribuyen a ampliar el conocimiento médico, comprender mejor los desafíos de salud que afectan a la región y generar evidencia que favorezca una atención cada vez más oportuna y de mayor calidad.