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Cómo determina el apego el futuro de un niño?

Cómo determina el apego el futuro de un niño?

07/05/2012
4 min lectura

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Todos los niños necesitan ser cuidados, ya que sienten frío, hambre, miedo, soledad y aburrimiento, entre otras cosas. Una mamá sensible y dispuesta a reaccionar a la necesidad de su hijo, permite que este aprenda lo que le pasa y siente que existe alguien disponible para acompañarlo, aportándole una sensación de seguridad básica. Cuando estos cuidados se convierten en algo estable en el tiempo, esta relación se consolida y se establece como de apego, el que, generalmente, se da con la mamá, aunque también puede ser con una persona que cumpla ese rol para el niño.

La psicóloga de Clínica Alemana Carolina Ebel sostiene que son las características de los cuidadores principales lo que determina la calidad del apego. “Si es un ‘apego seguro’ el niño busca la cercanía de su cuidador cuando algo le ocurre”, advierte.

La especialista explica que esto es algo que se ha dado históricamente en la relación madre-hijo, lo relativamente nuevo es la teoría del apego y todas las investigaciones al respecto, ya que se ha estudiado que la calidad de estas relaciones tempranas tienen un fuerte vínculo con la salud mental y el desarrollo integral (biológico, afectivo, cognitivo y social) de los niños y del adulto.

“Detrás de las expectativas de alguien existen necesidades y patrones aprendidos en la interacción de las relaciones más significativas, las que generan huellas dentro del sistema neuronal e influencian en la forma de hacer las cosas. Un apego seguro en la infancia, promueve estilos más asertivos y seguros para lograr los planes de vida. Esto ayuda a comprender las motivaciones y el comportamiento de los adultos en las distintas relaciones de pareja, laborales y con los hijos, entre otras”, enfatiza.

Por eso es importante estimular un apego seguro desde que nacen, tomando en cuenta las necesidades de los niños y promoviendo la sensibilidad y comprensión del mundo interior de ellos mismos. “Un niño recién nacido es totalmente vulnerable, por lo que esta relación de cuidado cimenta, desde incluso antes de la gestación, los pilares de su personalidad, transformándose en los primeros ladrillos que definen cómo se siente y cómo ve el mundo externo. Unos padres sensibles generan niños seguros y con confianza en sí mismos y en los demás”, destaca.

Durante este periodo es fundamental el apoyo y participación del papá, ayudando en los cuidados. Ambos, padre y madre, son parte integral en el crecimiento sano de sus hijos, siendo el papá una figura de apego secundario imprescindible para aportar en la forma de ver el mundo y de relacionarse,otorgando una alternativa de identificación distinta a la mamá.

¿Qué pasa si NO hay un apego seguro?
Apego seguro es la capacidad del niño de dar señales asertivas en momentos de dificultad y la capacidad de los padres de responder atingentemente a estas. No se trata de estimular la dependencia, ya que eso genera niños inseguros y poco autónomos. Paradójicamente, mientras más seguro sea el apego, más independiente será el menor, sintiéndose confiado de sus capacidades y de la respuesta empática de los demás frente a sus necesidades, buscando ayuda cuando la necesite.

Sin embargo, la carencia de estas condiciones y de la sensibilidad en la relación madre-hijo, puede generar estilos de apego inseguro, como el evitativo, resistente o desorganizado.

Los patrones evitativos se dan luego de experiencias de rechazo repetidas de la mamá, por lo que los niños aprenden a suprimir y dejar de lado sus necesidades de cariño como una manera de defenderse del dolor de ser rechazados. En el apego desorganizado, los niños no saben qué esperar o cómo pedir lo que necesitan, manifestando comportamientos contradictorios y ambivalentes. En general, mientras más sensible es la madre, el niño busca mejor el consuelo, ya que tiene la expectativa de que se lo darán. Esto estimula las competencias sociales y la capacidad de buscar cercanía en las relaciones. Son niños que se calman más fácilmente con la proximidad de la mamá, a diferencia de los niños con apego resistente, que tienden a ser más ansiosos, menos exploradores y más difíciles de tranquilizar.

No obstante, muchas veces existen dificultades que no permiten que los padres cumplan con esto, pero en estos casos hay otros adultos significativos que pueden ayudar, nunca reemplazar. “No se trata de no equivocarse y no frustrarlos, ya que eso es parte importante del desarrollo. Lo relevante es que los hijos incorporen la sensación de disponibilidad de los papás, dando espacio a sus necesidades y seguridad en una relación nutritiva”, explica Carolina Ebel.

Logrando esto, cuando llega la adolescencia, una etapa en que la autonomía se pone a prueba, los padres deben dar libertades, mientras sepan que sus hijos puedan asumirlas. “Ellos podrán confiar en que los hijos reconocerán situaciones peligrosas y pedirán consejo cuando necesiten guía, dando las condiciones para que vayan aprendiendo a manejar su libertad”, concluye.

Acciones para desarrollar el vínculo de apego entre madre e hijo

- Hablar desde la voz de la guagua: Ponerse en su lugar y verbalizar los estados afectivos del niño, ya que estimula la interacción y el conocimiento mutuo.

- Juego: Jugar con ellos los ayuda a conocerse a sí mismos, a los otros y al mundo, desarrollando diversas habilidades motoras y de socialización que permiten disminuir ansiedades y resolver conflictos. Todos los cuidados rutinarios se pueden realizar en forma lúdica, por ejemplo, mecerlo, bailar, cantar, hablarle, poner caras, usar juguetes, etc.

- Canciones de cuna: Es un recurso transmitido de generación en generación que permite calmar al niño mientras la madre también se tranquiliza y disfruta. Se puede improvisar y usar la misma melodía cambiando las letras.