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Las claves de la temporada de influenza 2018

Las claves de la temporada de influenza 2018

10/04/2018
5 min lectura

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La humanidad ha convivido con la influenza por largo tiempo. De hecho, los primeros registros de esta enfermedad se remontan al siglo XV en Italia, donde observaron que periódicamente se producía una epidemia de patología respiratoria con fiebre alta, brotes anuales que se atribuyó a la influencia (influenza en italiano) de las estrellas. En Inglaterra, en cambio, se la describía como “knock me out fever” (la fiebre que me noquea).
Ahora, sabemos que la causa no está en el firmamento sino en un virus -bautizado como influenza-, altamente transmisible y que tiene la capacidad de cambiar las proteínas de su superficie, lo cual le permite transformarse de manera permanente escapando a las defensas que hemos desarrollado con las infecciones anteriores por el mismo virus.

En efecto, nos contagiamos con el virus, producimos una buena respuesta inmune y el organismo lo controla; pero el virus modifica su “fisonomía” en la temporada siguiente y nos vuelve a infectar, enfermamos y, una vez más, producimos una respuesta defensiva. Y así el ciclo se repite, dentro de lo cual el tipo de mutación que se presenta en cada temporada determina la cantidad de individuos afectados y la severidad de los cuadros.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido centros de vigilancia en numerosos países de los dos hemisferios, monitoreando las fluctuaciones del virus y recomienda con esta información las cepas que deben incluirse en la vacuna de cada año. El objetivo de las campañas de inmunización es preparar a la población más susceptible para que desarrolle las defensas contra el virus que viene de manera anticipada.

Los tipos de influenza

Esta enfermedad respiratoria aguda es causada por cuatro tipos de virus: A, B, C y D. Las primeras dos son las más frecuentes en el ser humano, y en el A se distinguen subtipos que se denominan con las letras H y N que sirven para nombrar a las variedades como el H1N1 o H3N2. El virus infecta el sistema respiratorio (la nariz, la faringe, los bronquios y el pulmón) y, además, produce una reacción inflamatoria importante que se expresa con fiebre y síntomas en otras partes del cuerpo.

¿Cómo se contagia?
El virus se multiplica en las mucosas respiratorias y se encuentra presente en sus secreciones, en grandes cantidades en los pacientes que tienen síntomas de la infección. La principal vía de contagio es persona a persona, a través de las gotitas de saliva que se expulsan al hablar, toser o estornudar, y también al besar. Adicionalmente, las manos de un enfermo son una fuente de contagio ya que se contaminan al limpiar las secreciones, o al tapar la boca para toser o estornudar.

¿Por cuánto tiempo contagia un enfermo?
Una persona con influenza tiene virus en sus secreciones respiratorias desde un día antes que comiencen los síntomas, hasta siete días después. La mayor cantidad se produce los tres primeros días de la enfermedad.

¿Cuánto dura el virus en el ambiente?
Es capaz de sobrevivir entre 24 y 48 horas en superficies. Asimismo, las manos, objetos, juguetes, instrumentos, pañuelos de género o de papel que hayan tenido contacto con esas secreciones respiratorias también son fuentes de contagio.

¿Cuáles son los síntomas?
Se caracteriza por un comienzo abrupto de fiebre y compromiso del estado general (decaimiento, falta de apetito y de fuerza), asociado a dolores de cabeza y musculares en todo el cuerpo, y, ocasionalmente, malestar abdominal y nauseas. Estos síntomas generales se acompañan de congestión nasal, tos con secreciones, dolor de garganta y de ojos. La fiebre dura entre 3 a 4 días, pero los síntomas respiratorios pueden persistir hasta por 2 semanas.

¿Cuáles son las complicaciones?
Uno de los principales riesgos de la influenza es que deja al organismo del paciente propenso a adquirir otras enfermedades. Entre las más frecuentes están las infecciones bacterianas secundarias, específicamente neumonía. En muchas personas puede evolucionar con bronquitis obstructiva, y cuando afecta los bronquios o pulmones pueden llevar a una insuficiencia respiratoria. También se presentan complicarse con otitis y sinusitis, al igual que cuadros más graves como miocarditis y encefalitis, si bien son menos comunes.

¿Hay grupos más vulnerables a las complicaciones?
Sí, y corresponden a los niños menores de dos años, a los adultos mayores de 65 años, a las embarazadas, las personas que tienen algunas enfermedades crónicas (pulmonares, cardíacas, renales, metabólicas como diabetes u obesidad, cáncer e inmunodeficiencias). Por eso, son parte de la población incluída en la vacunación ministerial.

¿Existe tratamiento?

En general, la terapia consiste en controlar los síntomas con medicamentos para la fiebre (paracetamol, ibuprofenos) y para la congestión, en tanto para el caso específico de los niños se recomienda no administrar aspirina. También existen fármacos específicos como los antivirales oseltamivir (tamiflu o rimivat) cuyo uso siempre debe ser evaluado por un médico.
¿Cómo puede prevenirse?
• La forma más importante de protección es evitar el contacto con personas que estén enfermas con influenza.
• En aquellos casos en los cuales lo anterior sea inevitable, el lavado de manos frecuente o el uso de alcohol gel, son medidas efectivas para evitar la transmisión.
• A los enfermos con síntomas de influenza se les recomienda permanecer en su hogar hasta 24 horas después de pasada la fiebre, cubrir la nariz y la boca al toser o estornudar y eliminar adecuadamente los pañuelos de papel utilizados.
• La inmunización provee una buena protección para aquellos grupos más susceptibles. Todos los años disponemos de vacuna contra la influenza que se fabrica con un virus inactivado que no produce infección, pero sí una respuesta inmune contra los componentes de este agente infeccioso. La OMS recomienda la formulación de la vacuna cada temporada de acuerdo a las cepas que se encuentran circulando en el mundo. Dada esta variación año a año, la eficacia de la vacuna no es del 100%, y varía cada invierno según cuán cercanos sean los subtipos incluidos en esa versión con los que efectivamente circulen en nuestro país.

¿A qué se debe la preocupación en esta temporada?
En los países del hemisferio norte, especialmente en EE.UU. y Europa, se ha informado sobre un aumento significativo de casos y, consecuentemente, de hospitalizaciones y muertes, en esta temporada invernal en la que predominó el virus de la influenza A subtipo H3N2.
Sin embargo, no hay evidencias de que estemos en presencia de una cepa más agresiva ni patogénica, sino solamente de un mayor número de enfermos.

En el hemisferio norte, la mayoría de los casos graves, hospitalizaciones y muertes se produjeron en los grupos de riesgo. Por lo tanto, la recomendación, así como lo ha indicado la autoridad, es que esas personas se vacunen.

El año 2017 ya circuló en Chile la misma cepa en forma predominante, por lo tanto, es difícil predecir si se repetirá el brote en la magnitud del observado en EE.UU. En este escenario, es posible que la situación este año en nuestro país no se diferencie sustancialmente de la habitual para los inviernos ya que nuestra población podría contar con una mejor inmunidad.
Además, es esperable que la vacuna que se usará en Chile tenga un efecto protector mayor a la que se aplicó en Estados Unidos, ya que se ajustó a las cepas circulantes.

Por todo lo anterior, el llamado es a la tranquilidad, ya que no estamos frente a una variante de la influenza más agresiva o severa.
Grupos de riesgo incluidos en la vacunación ministerial
• Embarazadas a partir de la semana 13 de gestación.
• Niños y niñas entre 6 meses y 5 años 11 meses y 29 días.
• Personas de 65 años y más.
• Trabajadores avícolas y de criaderos de cerdo.
• Personal de salud.
• Enfermos crónicos, portadores de alguna condición de riesgo entre los 6 y 64 años:
• Diabetes
• Hipertensión arterial en tratamiento
• Enfermedades pulmonares crónicas, específicamente asma bronquial, EPOC; fibrosis quística; fibrosis pulmonar de cualquier causa.
• Cardiopatías congénitas, reumática, isquémica y miocardiopatías, de cualquier causa.
• Cáncer en tratamiento con radioterapia, quimioterapia, terapias hormonales o medidas paliativas de cualquier tipo.
• Cardiopatías específicamente congénitas; reumáticas; isquémicas y miocardiopatías de cualquier causa.
• Enfermedades neuromusculares congénitas o adquiridas que determinan trastornos de la deglución o del manejo de secreciones respiratorias.
• Obesidad mórbida.
• Insuficiencia renal en etapa 4 o mayor.
• Insuficiencia renal en diálisis.
• Insuficiencia hepática crónica.
• Enfermedades autoinmune: lupus, escleroderma, artritis reumatoidea; enfermedad de Crohn.
• Infección por VIH.
• Inmunodeficiencias congénitas o adquiridas.

Otros grupos para los que podría ser recomendable: En general, es útil que quienes rodeen a personas de mayor riesgo -como los niños pequeños, adultos mayores y personas con condiciones crónicas-, para establecer una barrera protectora a su alrededor.

El artículo fue realizado con la colaboración delDr. Pablo Vial, infectólogo de Clínica Alemana.