Carol, una pequeña guerrera que triunfó ante los peores pronósticos

Carol, una pequeña guerrera que triunfó ante los peores pronósticos

16/11/2022
5 min lectura

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Carol Blumenfeldt tiene 8 años. Es una niña normal, como cualquier otra. Al verla nadie podría imaginar que nació a las 25 semanas y 1 día de gestación, con apenas 705 gramos y 31.5 cm. Su caso es lo que se conoce dentro del mundo médico como prematura extrema

Como este 17 de noviembre se conmemora el Día Mundial del Niño Prematuro, te invitamos a conocer la historia de este milagro de la vida de la mano de su mamá Rina Álvarez.   

Un embarazo aparentemente normal 

“Durante el embarazo de Carol mi vida era como siempre. Trabajaba y hacía horario de oficina. Me sentía muy bien por lo que pensé, que al igual que en el embarazo de mi hijo mayor, André, todo iba a seguir el curso normal. Lo único diferente es que tenía contracciones, pero me decían que eran las Braxton-Hicks que son comunes.  

Al parecer, estas contracciones me comenzaron a cortar el cuello del útero. Y si no lo hubieran descubierto a tiempo, en la ecografía de rutina de las 22 semanas, hubiera sufrido un aborto espontáneo. Por eso es muy importante ser matea con hacerse los exámenes a tiempo. Si yo no me hubiera hecho esa ecografía mi hija hoy no está acá. Eso fue clave.” 

Complicaciones inesperadas y una decisión crucial 

“Me hicieron un cerclaje cervical y con eso no iba a tener problemas para llevar mi embarazo a término. Pero la madrugada en la que me iban a dar el alta comencé con pérdidas por lo que me tuve que quedar internada.  

El 14 de octubre me hicieron un examen de sangre en el que la proteína reactiva salió elevada. El doctor me dijo que podía ser una falsa alarma por lo que lo íbamos a repetir al día siguiente. El 15 de octubre este nivel estaba aún más alto. Ahí decidieron sacar una muestra del líquido amniótico.  Y la peor pesadilla se hizo realidad: había infección. Tenía bacterias en mi líquido amniótico que nos estaba envenenando a las 2. Fue un shock tremendo y más aún cuando me dijeron que la única posibilidad de salvar a Carol era haciendo la cesárea, no obstante que estábamos en la semana 25.   

De todas maneras, el doctor me consultó si estaba de acuerdo con realizar la cirugía en ese momento. Obviamente no tenía opción, y la única posibilidad de salvar a mi guagua, era arriesgarme a que naciese con 25 semanas y 1 día de gestación. Afortunadamente, el médico que estaba llevando mi embarazo ya había tomado la precaución de iniciar el tratamiento con corticoides para acelerar el proceso de maduración de los pulmones de Carol, en caso de que ocurriera lo que ocurrió.” 


La llegada de Carol y el comienzo de una lucha diaria por sobrevivir 

“Tal como lo acordamos, se hizo una cesárea de emergencia. Carol nació a las 22:32 horas. 

El Dr. Nachar, el neonatólogo que la trajo al mundo, la abrigó inmediatamente y tuvo la ternura y empatía de mostrármela unos segundos, ya que su crítica condición los obligaba a llevarla de forma urgente a la UTI de la Neo.  

Yo no la vi más hasta el día siguiente. Imagínate lo que fue el primer día de entrar a la neo. Porque a uno le hablan de la neonatología y lo único que uno piensa es en una incubadora donde están las guagüitas que nacen más pequeñas y solo eso. La verdad que para mí fue un shock que no voy a olvidar nunca. Lo duro de la neo es que tú entras pero no tienes idea de cuándo vas a salir. 

Esa primera vez me asomé a mirar a Carol. No podía creer lo pequeña y frágil que era, conectada a muchísimas máquinas. Sus ojos estaban cubiertos para que la luz no dañara sus inmaduras retinas. La incubadora debía estar muy húmeda. Cada tanto la secaba para poder mirarla. Sólo recé a su lado, y le dije cuanto la amaba… 

El día 19 de octubre, me dieron de alta, me fui de la clínica desolada por decir lo menos. Llegué a casa sin alma, sin mi guagua, sin saber qué pasaría ese día, o el lunes o en un mes. Sólo el abrazo de mi hijo me levantó, sentía que mi cuerpo no se podía mover. Desde esa noche, los teléfonos celulares quedaron siempre con volumen por la noche, porque nos advirtieron que nos llamarían si ocurría alguna urgencia. Cada vez que sonaba mi celular, a cualquier hora, me helaba de miedo. 

Al octavo día que nació Carol descubrieron que tenía enterocolitis. Se le había perforado un intestino, que es un evento bastante común dentro de los bebés prematuros. Imagínate que, con 25 semanas, era re malo el pronóstico.  

La operó el Dr. Iván Alcoholado, a quien le voy a estar agradecida de por vida. Intervino exitosamente a esta bebé diminuta, le cortó la parte mala que tenía del intestino y le dejó una ostomía.  

Y es aquí cuando comienza la parte más álgida de la neo y creo que el día más duro y difícil de mi vida, el 23 de octubre.  Fueron 24 horas muy complicadas en la que la veíamos intubada, su color era diferente, gris, azul, no sé… se veía mal, y la enfermera que estaba junto a ella me dijo “su hija está grave”. Por suerte a las 48 horas empezó a repuntar. 

Al mes de nacida Carol se me pasó un poco el shock y recién ahí empezaron a pasar un día tras otro e ir a la clínica se convirtió en un trabajo para mí. Justo coincidió con que había dejado de trabajar, así que pasé del trabajo en la oficina al de la neo tiempo completo. Pasaba mis días enteros allí, solo salía a buscar a mi hijo al jardín y después en la tarde un rato para compartir con André.  

El 9 de enero la volvió a operar el Dr. Alcoholado. Como ella quedó con una ostomía, una parte de su intestino estaba fuera de la guatita, había que reconstituir su intestino. Salió todo muy bien y recién ahí pudo comenzar a tomar leche y subir de peso, lo más importante. En papás de prematuros cada gramo más es un triunfo.  

Finalmente, 132 día después, el 24 de febrero del 2015 nos dieron el alta. Fue un día de inmensa felicidad, pero también de muchas lágrimas al abrazar a esas personas que cuidaron a Carol, que velaron su sueño, que la amaron, y nos consolaron… “ 

Un nuevo capítulo  

“Cuando nos volvimos, nos volvimos con mucho susto porque en la clínica estaba rodeada de máquinas, de médicos 24 horas, enfermeros y tens a su disposición. En la neo hacen una inducción, pero por suerte tuve la posibilidad de tener una enfermera en casa para que me ayudara. La verdad que yo quedé tan atemorizada que no me creía capaz de cuidarla.  

Y llegó el momento tan esperado. André conoció, después de casi 5 meses, a su nueva hermanita.  Él sabía que tenía una hermana que estaba en la clínica y que esa hermana le robaba mucho a sus papás. Carol, para alivianar el impacto había llegado con muchos regalos para él, por lo que André se dedicó a jugar con ellos y casi ni la miró. Finalmente, de a poco se fue acercando y conoció a su hermana, a descubrirla. Ahí se convirtió en su protector, en un gran hermano mayor.  

Recién en este momento comencé a darme cuenta de lo yo que había pasado. Al no haber hecho terapia o haberme preocupado por mí, comencé a enfermarme mucho. De hecho, ese año terminé en la UCI por una infección que me agarró.  

La reflexión que puedo hacer es que en ese momento tú no te preocupas de ti misma. La que está complicada en este momento es tu guagua, pero es importante cuidarse también a una misma.” 

Ante todo, esperanza 

“Me gustaría decirles a papas que estén pasando por algo similar en este momento que tengan mucha esperanza y mucha fuerza.  

El gran aprendizaje que yo saqué, y que me lo enseñó la misma Carol, es que se puede salir adelante.  Las guaguas son súper luchadoras. Se aferran con garras y dientes a la vida y dan una pelea diaria.” 

Conoce más de su historia en el siguiente video:

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