La colación escolar es mucho más que “algo para el recreo”. Puede transformarse en una oportunidad para reforzar hábitos saludables y acercar a los niños a una alimentación equilibrada. Elegir opciones naturales y nutritivas ayuda a cubrir requerimientos importantes en una etapa clave de crecimiento.
No necesita ser compleja. De hecho, mientras más simple y natural, mejor. Idealmente, debiera incluir:
1 fruta fresca, que aporta fibra, vitaminas y minerales.
1 o 2 lácteos, como leche o yogurt natural, que contribuyen a cubrir los requerimientos diarios de calcio y proteínas.
Por ejemplo, enviar una manzana con un yogurt natural es una muy buena alternativa. También se pueden incorporar preparaciones caseras saludables, como galletas de avena hechas en casa o muffins preparados con huevo, plátano y leche o yogurt. Un huevo duro también puede ser una opción práctica y nutritiva.
Estas elecciones permiten avanzar en recomendaciones como “consumir 5 porciones de frutas y verduras al día” y “preferir 2 a 3 lácteos diarios”, guías alimentarias fundamentales en la infancia.
Es recomendable limitar productos ultraprocesados y altos en azúcar, como galletas industriales, dulces, chocolates o snacks envasados.
Muchas veces, al revisar la lista de ingredientes de estos productos, encontramos nombres difíciles de reconocer o entender. Esto puede ser una señal de que se trata de alimentos altamente procesados, con azúcares añadidos, grasas de baja calidad o aditivos que no aportan beneficios nutricionales.
Además, es frecuente caer en el exceso de pan o galletas como base de la colación. Aunque pueden formar parte de la alimentación, no deberían ser la opción principal ni diaria en este espacio.
Uno de los más habituales es pensar que la colación es indispensable desde el punto de vista nutricional. En muchos casos, si los niños tienen horarios de alimentación bien distribuidos, la colación cumple más bien un rol social: compartir en el recreo.
Por eso, más que sumar calorías extra, esta instancia puede aprovecharse para complementar la alimentación diaria con frutas o lácteos. Así, la colación se transforma en una herramienta para mejorar la calidad de la dieta.
Otro error frecuente es repetir siempre las mismas opciones poco variadas. Incorporar distintos tipos de frutas o alternar preparaciones caseras puede hacer una gran diferencia.
Las cantidades no son iguales para todos los niños. Dependen de la edad, el nivel de actividad física y de lo que hayan comido durante el día.
Los más pequeños requerirán porciones más acotadas que un adolescente. Por eso, es importante observar señales de hambre y saciedad, y considerar el contexto general de su alimentación.
Aporte de fibra, especialmente si se incluyen frutas, lo que favorece una buena digestión.
Mejor adherencia a las guías alimentarias, ayudando a equilibrar la dieta diaria.
Prevención del sobrepeso y obesidad, una preocupación relevante en nuestro país, donde las cifras en población infantil siguen siendo altas.
Más que prohibir alimentos, lo importante es educar y ofrecer alternativas que en el tiempo formen hábitos saludables.
Cortar frutas en formas entretenidas con moldes.
Preparar brochetas de distintos colores.
Hacer muffins de avena, plátano y yogurt en lugar de ofrecer los ingredientes por separado.
Involucrar a los niños en la preparación, permitiéndoles elegir la fruta o ayudar a mezclar ingredientes.
Cuando participan, es más probable que acepten y disfruten lo que llevan al colegio.
Fomentar colaciones lo más naturales y menos procesadas posibles es una inversión en salud a largo plazo. Si tienes dudas sobre los requerimientos de tu hijo o hija, te recomendamos consultar con un especialista, te orientarán para resolver tus inquietudes de manera adecuada para cada etapa de crecimiento.