Cada invierno, los virus respiratorios se convierten en uno de los problemas más grandes de las salas de urgencia, los colegios y los hogares.
Son responsables de miles de hospitalizaciones al año y generan un impacto en la vida cotidiana: ausentismo laboral y escolar, consultas médicas de emergencia y una preocupación en las familias.
Los virus respiratorios son un grupo de microorganismos que infectan las vías aéreas, desde la nariz y garganta hasta los pulmones. Se transmiten principalmente a través de pequeñas gotículas que se expulsan al toser, estornudar o incluso al hablar. También pueden contagiarse al tocar superficies contaminadas y luego llevarse las manos a la cara.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), estos virus circulan con mayor intensidad durante los meses fríos y pueden causar cuadros que van desde un resfriado leve hasta infecciones graves, especialmente en lactantes, personas mayores y quienes tienen enfermedades crónicas.
Rinovirus: el más frecuente en el país. Es la causa principal del resfriado común y puede desencadenar crisis asmáticas en niños.
Influenza A y B (gripe): responsable de cuadros intensos con fiebre alta, dolores musculares severos y tos persistente.
VRS (virus respiratorio sincicial): el principal causante de bronquiolitis en lactantes. Es el virus que más preocupa entre julio y agosto.
SARS-CoV-2 (COVID-19): aunque ha disminuido respecto a años anteriores, sigue circulando, especialmente en verano.
Metapneumovirus humano (hMPV): segunda causa de infecciones respiratorias bajas en lactantes. Se distingue por causar ronquera.
Parainfluenza (tipos 1 a 4): factor principal de la laringitis aguda en niños de 1 a 5 años, con la característica “tos perruna”.
Adenovirus: puede provocar conjuntivitis (ojos rojos) junto con síntomas respiratorios.
En nuestros país, siguen un patrón estacional claro, aunque la pandemia por COVID-19 alteró algunos ciclos:
Verano (enero-marzo): baja circulación general, con predominio de SARS-CoV-2 y rinovirus.
Otoño (abril-mayo): comienza el ascenso de la influenza A.
Invierno (junio-agosto): es el momento crítico. El VRS domina entre julio y agosto, mientras la influenza alcanza su máximo entre mayo y julio.
Primavera (septiembre-noviembre): la actividad suele descender, aunque en 2025 se registró un brote fuera de temporada de influenza A (H3N2) que mantuvo alta la circulación hasta noviembre.
¿Qué significa esto? Que las medidas de prevención deben mantenerse durante todo el año, no solo en invierno.
Casi todos los virus respiratorios comparten un grupo de síntomas que los hacen difíciles de distinguir solo por cómo te sientes. Los más comunes incluyen fiebre, tos, congestión nasal, dolor de garganta, dolor de cabeza, malestar general y cansancio.
Sin embargo, algunos patrones pueden orientar la sospecha clínica, aunque la confirmación siempre requiere un examen de laboratorio (PCR o test rápido).
La buena noticia es que la gran mayoría de los cuadros respiratorios se manejan en casa con descanso, líquidos y paciencia. Pero hay momentos en que el cuerpo nos avisa que necesita ayuda profesional.
Revisar si respira muy rápido o agitado, como si le costara tomar aire. En recién nacidos, lo normal es menos de 60 respiraciones por minuto; en bebés menores de 6 meses, menos de 40; y en niños más grandes, menos de 30. Si notas que supera esos números, debes ir a urgencia de forma inmediata.
Mirar si se le marcan o hunden las costillas cada vez que respira, o si las alitas de la nariz se abren y cierran. Eso significa que está haciendo un esfuerzo extra para respirar.
Escuchar si le suena un silbido en el pecho al respirar, o revisar si los labios, las manos o las uñas se ven azulados o pálidos. Esas son señales de que no está recibiendo suficiente oxígeno.
Prestar mucha atención si notas que deja de respirar por algunos segundos (lo que se llama apnea). En bebés menores de 3 meses, esto puede ser la única pista de que tiene VRS, incluso sin tos ni fiebre.
Consultar con un especialista si no quiere comer ni tomar leche, si lleva más de 3 días con fiebre, o si notas que moja muy pocos pañales (menos de uno cada 8 horas), ya que eso puede indicar deshidratación.
Observar si lo notas distinto a como es habitualmente: duerme mucho, muy irritable sin motivo claro, o como "apagado". Tú conoces a tu hijo o hija mejor que nadie, y esa intuición importa.
¡Importante! Si tu bebé tiene menos de 6 meses y presenta fiebre, siempre acude con su médico, sin importar lo leve que parezca el cuadro.
Ir a urgencias si sientes que te falta el aire al punto de no poder levantarte de la cama, caminar hasta el baño o hablar con normalidad.
Reservar hora con un profesional, si llevas más de 2 o 3 días con fiebre alta (sobre 38,5°C) que no baja con medicamentos, si sientes dolor en el pecho, o si te notas confundido o desorientado.
Estar atento si tienes una enfermedad crónica, como diabetes, hipertensión o problemas pulmonares, y notas descompensación durante el cuadro respiratorio. Eso requiere evaluación médica pronto.
Prevenir las enfermedades respiratorias está en tus manos. Vacunarte, mantener una buena higiene de manos y ventilar los espacios de tu hogar son pasos sencillos que protegen a toda tu familia.
Si presentas síntomas respiratorios y no sabes si necesitas acudir a urgencias, te recomendamos reservar una hora en TeleUrgencia, podrás recibir orientación médica desde la comodidad de tu hogar. Nuestro equipo puede evaluar tus síntomas, indicar los pasos a seguir y derivarte a atención presencial si es necesario.