La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje que puede generar mucha frustración en los niños y en sus familias. Además, cuando enfrentan la lectura o la escritura, puede afectar su rendimiento escolar si no se identifica a tiempo.
Acompañar a tu hijo o hija es un proceso que requiere paciencia, cariño y colaboración, junto al colegio y profesionales. A continuación, te contamos cómo reconocer sus señales, cuándo acudir a un especialista y cómo apoyar a tu hijo en el día a día.
Es un tipo de trastorno de origen neurobiológico y hereditario, que afecta la lectura, escritura, comprensión y ortografía. Generalmente es detectada al inicio por los padres o docentes, pero quien diagnostica este trastorno debe ser un equipo de psicopedagogos, psicólogos y neurólogos para tener una evaluación completa.
El diagnóstico se realiza después de los 7 años, ya que antes de eso, los niños están todavía en proceso de aprendizaje. Sin embargo, si notas que hay una diferencia entre la habilidad de lectura y su inteligencia, es mejor consultar para iniciar un apoyo temprano. Algunas señales de alerta son:
La dislexia, la dislalia, la disgrafia, la discalculia y el déficit de atención son muchas veces confundidos entre ellos, ya que pueden estar presentes al mismo tiempo y algunos tienen síntomas similares. Sin embargo, tienen diferencias claves.
Discalculia
Afecta la comprensión de conceptos matemáticos como cantidades, secuencias y operaciones básicas. Un niño con discalculia puede tener problemas para aprender las tablas de multiplicar, resolver ejercicios simples, operaciones matemáticas o entender la lógica numérica.
Dislalia
Implica dificultades en la pronunciación de ciertos sonidos del habla. Es común en niños pequeños, pero cuando persiste en el tiempo, puede convertirse en un problema. Hay casos donde este trastorno en adolescentes puede interferir en la comunicación efectiva y la autoestima.
Déficit de atención
Se caracteriza por la dificultad para mantener la concentración, seguir instrucciones o completar tareas. Este trastorno puede coexistir con la dislexia, promoviendo dificultades de aprendizaje y generando frustración tanto en el niño, como en su entorno escolar y familiar.
Disgrafía
Se presenta cuando hay dificultades para realizar trazados de escritura.
Escuchar activamente y con empatía: valida sus emociones cuando se frustra con la lectura o las tareas escolares.
Evitar las comparaciones: cada niño avanza a su ritmo. Celebra su esfuerzo más que los resultados.
Tener comunicación con el colegio: mantén contacto con los profesores y pide adaptaciones si es necesario.
Dar apoyo visual y tecnológico: utiliza herramientas como audiolibros, letras grandes y colores para organizar la información. También existen aplicaciones que fomenten la lectura.
Crear una rutina: los niños con dislexia se benefician de horarios estables y actividades organizadas.
Reforzar sus fortalezas: fomenta espacios donde pueda destacarse como arte, música, deporte, entre otros.
Buscar orientación e información: un buen acompañamiento comienza por comprender bien qué es este trastorno y cómo abordarlo.
La dislexia es una dificultad de aprendizaje que persiste a lo largo de la vida, pero no es una limitación insuperable. Con el diagnóstico adecuado, la intervención y el desarrollo de estrategias de compensación, se aprende a gestionar sus desafíos.
Si notas problemas del aprendizaje que afectan su rendimiento escolar, reserva una hora con uno de nuestros especialistas en neurología infantil por Telemedicina, quienes te entregarán las herramientas para brindar el apoyo necesario.