Cuando llega el verano, las piscinas, las playas y los paseos al aire libre se vuelven parte de la rutina familiar. En este contexto, muchas madres, padres y cuidadores se preguntan cuáles son los flotadores más seguros y qué opciones realmente ayudan a prevenir accidentes.
Sin embargo, antes de hablar de flotadores, es importante recordar que en esta época del año la atención debe ser mayor. El ahogamiento es la principal causa de muerte por accidentes no intencionados en niños y niñas de 1 a 4 años. Por eso, independiente del sistema de flotación que se utilice, e incluso cuando los niños sepan nadar, nada reemplaza la vigilancia activa y cercana de un adulto. Esta recomendación se conoce como “supervisión al tacto”: estar siempre a menos de 1 metro, donde los ojos puedan ver y las manos puedan alcanzar.
Además, se recomienda que las familias cuenten con entrenamiento en maniobras básicas de reanimación y conozcan las redes de auxilio disponibles en el lugar donde vacacionan, como el número de ambulancias (131) o los servicios de rescate especializados, para actuar de forma rápida y oportuna ante una emergencia.
Aunque suelen asociarse a la diversión, los flotadores no cumplen la misma función. Los especialistas en pediatría y seguridad acuática coinciden en que muchos modelos con arcos o alitas son juguetes, no constituyen dispositivos de seguridad; pueden desinflarse, voltearse o dar una falsa sensación de protección.
Algunos organismos internacionales de seguridad acuática recomiendan que el aprendizaje y entrenamiento en natación se realice sin estos dispositivos, para que los niños puedan aprender de forma más natural, sin interferencias en su movilidad.
Para bebés y niños que aún no saben nadar, se recomienda optar por modelos que se ajusten firmemente al cuerpo, como los chalecos salvavidas certificados por organismos especializados. Estas certificaciones garantizan estándares de seguridad relacionados con la durabilidad, la impermeabilidad del material, el comportamiento del dispositivo en el agua y la resistencia de las correas de anclaje, aspectos clave que es importante revisar al momento de comprar.
Los especialistas recomiendan las siguientes opciones como las más seguras:
Chalecos de entrenamiento (dispositivos de espuma integrados): pueden ser útiles como apoyo en entornos controlados, siempre con supervisión directa y adulto a menos de un metro de distancia para asistir.
Aunque son muy comunes, los flotadores inflables no siempre ofrecen el apoyo que los más pequeños necesitan en el agua, especialmente cuando todavía no saben nadar. Los principales riesgos son que pierdan presión, se vuelquen, se enreden o no permitan visualizar al niño si cae al agua y queda debajo.
Elegir un flotador para niños puede parecer simple, pero hacerlo con calma y atención marca una gran diferencia. La idea no es buscar “el más bonito”, sino uno que realmente acompañe y proteja a tu hijo o hija en el agua, en resumen:
Cada niño y niña vive el agua de manera distinta. La edad, cómo se mueve, cuánto se siente cómodo flotando y si ya ha tenido experiencias previas influyen en qué tipo de flotador puede resultar más adecuado. Cuando surgen dudas, consultar con un profesional de pediatría ayuda a tomar decisiones informadas y acordes con cada etapa del desarrollo.
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