Alcohol y consumo

Es producido mediante un proceso natural de fermentación de frutas y vegetales, o en forma artificial (destilación).

De acuerdo con la clasificación internacional de la Organización Mundial de la Salud (ICD 10), se considera que el consumo de alcohol es perjudicial cuando provoca daño mental o físico. No solo afecta a las personas, sino que también afecta a la familia, las relaciones laborales y a la sociedad en su conjunto.

El consumo de alcohol no controlado, puede llevar a una condición llamada “desorden por abuso de alcohol”, que se define como un trastorno neuropsiquiátrico crónico y recurrente. Éste se caracteriza por un uso compulsivo de alcohol e incapacidad de controlar su ingesta.

Existen condiciones genéticas y ambientales: los hijos de padres alcohólicos -incluso siendo adoptados por otras familias- tienen un riesgo, al menos, 3 veces mayor que la población general de hacerse alcohólicos.

Una de las características más relevantes del consumo de alcohol es el efecto de tolerancia, que significa necesidad de mayor consumo para obtener el mismo efecto. Otra es la dependencia, que es la necesidad imperiosa de consumir.

Inicialmente, el consumo de alcohol produce euforia y desinhibición, lo que es percibido como un efecto placentero. Posteriormente, a mayor ingesta, produce depresión en el sistema nervioso central con pérdida de control, llegando incluso al coma etílico. En esta última condición, puede determinar una pérdida del freno social, situaciones de violencia o ser causa de accidentes en la conducción por pérdida de reflejos.

El consumo excesivo está implicado en la muerte de aproximadamente 3,3 millones de personas cada año, correspondientes al 6% del total de fallecimientos en el mundo. También es responsable del 50% de los pacientes que sufren cirrosis hepática.

Consumo de alcohol en Chile

Chile tiene el primer lugar en consumo de alcohol per cápita de América Latina con 9,6 litros (OMS, 2014), que representa un volumen de 1.099.000 de litros anuales. La cifra equivale a los 61,3 litros por persona consumidora de alcohol al año (Euromonitor, 2016).

El 49% de la población chilena entre 12 y 64 años bebe alcohol en forma regular. Y el consumo agudo (binge drinking) alcanza a uno de cada cinco chilenos en mediciones que consultan las acciones realizadas durante el último mes (SENDA, 2016)“,el 15% de los Chilenos son bebedores problema (Encuesta Nacional de Salud, 2010) y una de cada 10 muertes en Chile es atribuible al consumo de alcohol (Minsal, 2013).

En promedio, la edad de inicio en el consumo de alcohol en nuestro país es de 13 años. El 64% de los estudiantes entre 8° Básico y IV Medio, declaran haber consumido alcohol antes de los 15 años. De ellos, dos tercios ha tenido, al menos, un episodio de binge drinking en el último mes, muchas veces asociado al consumo de bebidas energéticas y de otras drogas como la marihuana.

¿Qué es una bebida alcohólica y cómo medir su consumo?

Es aquella que en su composición contiene en alguna medida alcohol, habitualmente de tipo etílico. Existen las producidas por fermentación como los vinos y cervezas, y las producidas mediante un proceso artificial de destilación, conocidos como licores fuertes, que incluyen pisco, whisky, ron, entre otras. El grado de alcohol que contienen es variable, y mayor en bebidas que provienen de la destilación en comparación con las producidas por fermentación.

Puede conocerse la cantidad en gramos conociendo el porcentaje de alcohol en la bebida y el volumen ingerido. El consumo de alcohol puede ser medido en “unidad de bebidas estándar” (UBE, donde uno equivale a “un trago”), y corresponde aproximadamente a 10-12 gramos de alcohol.

¿Qué es una unidad de bebida estándar (UBE)?

Una UBE normalmente contiene 10 gramos de alcohol.

El consumo excesivo episódico o circunstancial (binge drinking), puede resultar en un riesgo agudo e implica para un adulto beber, al menos, 4 tragos en mujeres y 5 en hombres (alrededor de 50 a 60 gramos) en un período corto de tiempo (2 horas). Habitualmente, esto lleva la alcoholemia (nivel de alcohol en la sangre) a niveles cercanos a 0,8 gramos por litro.

La ingesta crónica e intensa de alcohol corresponde al consumo excesivo episódico o circunstancial (o binge drinking) más de 5 veces en el último mes.

¿Cómo se metaboliza?

Una vez ingerido, el alcohol es metabolizado por el estómago mediante una enzima denominada alcohol deshidrogenasa láctica. Esta enzima es variable en cada persona y está presente en menores cantidades en mujeres.

Aproximadamente el 20% del alcohol ingerido es absorbido en el estómago, y el resto pasa rápidamente al intestino delgado, desde donde es llevado por el torrente circulatorio hacia el hígado para sufrir una segunda metabolización.

Este órgano tiene una capacidad enzimática limitada, y el ingreso de grandes cantidades de alcohol genera una sustancia nociva llamada acetaldehído, responsable de la toxicidad.

El alcohol metabolizado se distribuye al resto de los órganos, principalmente al cerebro, donde produce inicialmente inhibición y relajación, efecto responsable en gran parte de la adicción. Al aumentar el nivel de alcohol en la sangre, se inicia una fase de depresión del sistema nervioso central que puede llevar al coma, e incluso la muerte.

Puede afectar no sólo al hígado y al cerebro, sino que también llega a la gran mayoría de los órganos. Una pequeña proporción del alcohol es excretada por la orina y la respiración, lo cual permite detectarlo a través del aliento.

¿Qué daños produce?

Existen efectos relacionados al consumo excesivo y a largo plazo del alcohol, incluyen enfermedades crónicas, como la cirrosis hepática, pancreatitis, enfermedades cardiacas, demencia y cánceres.

Hígado: El daño producido por el alcohol es silencioso. El desarrollo de la enfermedad es amplio, desde hígado graso, hepatitis alcohólica, cirrosis y cáncer al hígado. Casi el 90% de los pacientes con consumo excesivo de alcohol tienen, al menos, hígado graso. Posteriormente, se produce inflamación con desarrollo de hepatitis alcohólica, luego viene fibrosis y se establece la cirrosis, condición que es irreversible y de mal pronóstico.

El hígado graso se produce por la acumulación de lípidos en las células hepáticas, y es reversible con la abstinencia. Si la cantidad de consumo de alcohol es muy exagerada, puede producirse hepatitis alcohólica, es una inflamación aguda del hígado que corresponde a una enfermedad grave con riesgo de muerte.

El consumo crónico por años produce inflamación y fibrosis del hígado que constituye la cirrosis: el hígado pierde la capacidad de cumplir sus funciones con desarrollo de complicaciones y, en estados avanzados, eso lleva a la muerte o trasplante. En Chile, el 40% de las causas de cirrosis corresponde a la ingesta excesiva de alcohol.

Cáncer: El alcohol es considerado un cancerígeno, y numerosos estudios han demostrado una relación directa entre el consumo de alcohol y la aparición de cáncer, de hígado, laringe, mama, estómago y colon.

Embarazo: El alcohol es un teratógeno, capaz de producir daño al feto, y es una de las principales causas de retraso mental, aunque el consumo sea continuo u ocasional incluso con dosis bajas. Existen numerosos daños en el recién nacido, cuya expresión máxima es el síndrome fetal alcohólico.

Otros órganos: No sólo el hígado resulta dañado por el consumo de alcohol. Puede producir pancreatitis, cardiopatías, insomnio, demencia, disfunción eréctil, desnutrición, alteraciones en el metabolismo como la disminución del nivel de glicemia en sangre (hipoglicemia), elevación de ácido úrico (hiperuricemia) y aumento del nivel de triglicéridos en sangre. A nivel muscular puede producir inflamación (miopatías), también epilepsia y delirium.

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